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¿Qué son los Psicofármacos?


Cómo actúan los Psicofármacos

Los psicofármacos se emplean en el tratamiento de las enfermedades mentales. Las causas de las enfermedades mentales todavía se desconocen, pero en algunos casos se ha podido comprobar la existencia de alteraciones metabólicas cerebrales; las mejor conocidas son las relacionadas con los neurotransmisores cerebrales.

Los neurotransmisores son sustancias que se liberan en la sinapsis neuronal y que al actuar sobre receptores específicos intervienen en la transmisión de los impulsos nerviosos. Los más importantes son la acetilcolina, la noradrenalina, la dopamina, la 5-hidroxitriptamina (serotonina) y el ácido gamma-aminobutírico (GABA).

En los estados de hiperactividad y agitación existen habitualmente elevadas concentraciones de neurotransmisores en la sinapsis, mientras que en los estados depresivos su concentración suele estar disminuida.
La mayoría de los psicofármacos actúan modificando los efectos de los neurotransmisores cerebrales

Algunos reducen la concentración de neurotransmisores en la sinapsis o impiden su efecto bloqueando los receptores sobre los que actúan, esto produce habitualmente una mejoría de los estados psicóticos, especialmente si se acompañan de agitación. Otros psicofármacos aumentan la concentración sináptica de neurotransmisores por diversos mecanismos, y esto se acompaña habitualmente de una mejoría de los estados de depresión. Sin embargo, muchos aspectos de las enfermedades mentales no se pueden explicar únicamente por las alteraciones de los neurotransmisores, por lo que algunos psicofármacos parecen tener otros mecanismos de acción.

Algunos psicofármacos actúan en la corteza cerebral, pero en su mayoría lo hacen sobre estructuras encefálicas más profundas, como el sistema reticular ascendente del tronco encefálico o el sistema límbico, en el que asientan funciones cerebrales complejas, como las emociones, los recuerdos y la afectividad.


La psicofarmacología ha modificado sustancialmente el pronóstico de las enfermedades mentales. En la actualidad, casi todos los enfermos psiquiátricos mejoran con el tratamiento farmacológico y la mayoría pueden tratarse de forma ambulatoria.

Con frecuencia los psicofármacos sólo consiguen controlar los grandes síntomas o síndromes de los trastornos mentales, como la agitación, la ansiedad o la depresión, pero en algunos casos, parecen conseguir la curación de la enfermedad.

Los psicofármacos suelen clasificarse en cuatro grandes grupos:

1. Neurolépticos o antipsicóticos
2. Ansiolíticos y sedantes
3. Antidepresivos
4. Antirrecurrenciales o estabilizadores del estado de ánimo



Neurolépticos o antipsicóticos

Los neurolépticos o antipsicóticos se emplean fundamentalmente en el tratamiento de psicosis, como la esquizofrenia, la fase maníaca de la psicosis maniaco-depresiva (psicosis bipolar) y las psicosis tóxicas. Se emplean también en el tratamiento sintomático de los estados de agitación y delirio agudo, en los estados confusionales y en algunos casos de dolor crónico.

A los neurolépticos se les llamaba antiguamente tranquilizantes mayores, término que se abandonado porque no son solamente tranquilizantes, sino que parecen mejorar la propia causa de la psicosis; la agitación es ciertamente un componente frecuente de la psicosis, pero también se administran antipsicóticos a enfermos que no están agitados.

En principio todos los neurolépticos son eficaces y la elección de uno u otro depende de la respuesta previa del enfermo al fármaco y de los efectos adversos que se presenten. Algunos son de efecto prolongado, y en principio son más eficaces en situaciones crónicas.

Ansiolíticos y sedantes

La ansiedad  se puede definir como un sentimiento de miedo, temor, aprensión e incertidumbre sin causa justificada. Cuando se acompaña de síntomas vegetativos como sudor, temblor, taquicardia, etc. recibe el nombre de angustia.

Los ansiolíticos son psicofármacos capaces de controlar la ansiedad. En la actualidad los más utilizados son las benzodiazepinas y la buspirona. El primer grupo posee un efecto ansiolítico, hipnótico-sedante (con lo que ayuda a tratar el insomnio), relajante muscular y anticonvulsivo. La buspirona en un ansiolítico puro, sin apenas efectos hipnóticos o tranquilizantes. Sin embargo sus efectos tardan de 2 a 3 semanas en aparecer y en general es menos eficaz que las benzodiazepinas.


Antidepresivos

La depresión es una enfermedad caracterizada por los sentimientos de tristeza, pesimismo, falta de interés, retraso psicomotor, insomnio, trastornos alimentarios y otros. Con frecuencia hay un componente asociado de ansiedad o angustia, sentimientos de culpa, crisis de pánico y tendencia al suicidio.

Los fármacos antidepresivos se utilizan en el tratamiento de todas las formas de depresión, aunque en general responden mejor a las depresiones endógenas. Alrededor del 80% de todas las depresiones responden al tratamiento farmacológico. Este debe mantenerse durante 4-6 meses y suspenderse de forma gradual, ya que si se suspende antes o de forma brusca, son frecuentes las recaídas.

En los estados depresivos suele haber una baja concentración de neurotransmisores en las sinapsis neuronales, especialmente noradrenalina y serotonina. Los fármacos antidepresivos tienden a elevar la concentración de neurotransmisores en las sinapsis. Esto se puede conseguir por dos mecanismos: bloqueando o retrasando la recaptación de los neurotransmisores, con lo que aumenta su concentración en las sinapsis, o inhibiendo la monoaminoxidasa (MAO), que en circunstancias normales destruye los neurotransmisores amínicos, limitando su tiempo de acción. La inhibición de la MAO consigue alargar el tiempo de acción de los neurotransmisores.

La mayoría de antidepresivos actúan por alguno de estos dos mecanismos, aunque algunos aumentan también el número o la sensibilidad de los receptores sinápticos para los neurotransmisores.

Antirrecurrenciales o estabilizadores del estado de ánimo

Un estabilizante del estado de ánimo es una medicina psiquiátrica utilizada para el tratamiento de trastornos del ánimo, caracterizados por cambios intensos y mantenidos del ánimo. El más común es el trastorno bipolar, en el cual los estabilizantes del estado de ánimo suprimen las oscilaciones entre episodios maníacos y depresivos.

Estos fármacos también se utilizan para tratar el Trastorno límite de la Personalidad.

La mayoría de estabilizantes del estado de ánimo son también anticonvulsivos, con la excepción del litio, que es la droga estabilizadora de ánimo más antigua y mejor conocida. Son fármacos que disminuyen la frecuencia y/o intensidad de los diferentes episodios del trastorno bipolar, sin incrementar la frecuencia e intensidad de alguno de los otros tipos de episodios.

Autora: Marta Guerri
Fuente: psicoactiva.com

¿Qué pueden aprender los niños de la Navidad?

Todas las celebraciones tienen un sentido. Ya no queda casi nada para la Navidad, y aunque no todos la celebran, la Navidad siempre es un momento de encuentro familiar, de expresión de buenos sentimientos, de nuevos propósitos para el nuevo año, y tiempo de intercambio de felicitaciones, regalos y de generosidad con el que no tiene.
La Navidad es una buena ocasión para renovar las ilusiones y las esperanzas, como también de aprendizaje para los niños.

Valores de Navidad para los niños

Muchas veces las familias suelen orientar la Navidad a las compras, a todo lo material, y acaban pasando unas fiestas de Navidad sin sacar nada de enseñanzas a los niños. El calendario de Adviento, por ejemplo, no está sólo para que los niños coman chocolatinas o dulces, o que ganen un regalito. El Adviento, que significa 'la llegada' de la Navidad, es mucho más que las sorpresas, es la herramienta ideal para que las familias puedan inculcar el espíritu y los valores de Navidad en los pequeños. Así que la Navidad no está representada apenas por los regalos, las vacaciones, las luces y los adornos.
Durante el Adviento, tiempo de preparación para la Navidad (algo que nos recuerdan los centros comerciales, adelantándose semanas en ofrecernos los consumibles navideños) debemos de aprovechar para reflexionar, y hacer reflexionar a nuestros hijos, sobre dos temas fundamentales del espíritu navideño. Enseñarles valores como la unión, la generosidad, la amistad, la alegría, etc. 

Vivir la Navidad en familia

Otro aprendizaje que pueden adquirir los niños durante la Navidad es el valor de la familia y de los amigos. Los padres deben dedicar algo de tiempo a para estar en familia. Enseñarles valores como la unión, la generosidad, la amistad, la alegría, la colaboración y cooperación, etc. ¿Cómo hacerlo? pues haciendo con que todos colaboren en las tareas que sostienen la Navidad: compras de regalos, adornando o decorando la casa, planificando la cena y la comida navideña familiar, jugando, contando cuentos, cantando villancicos, etc.
Es importante que los padres enseñen a sus hijos a agradecer y a decir 'te quiero', a demostrar su amor sin vergüenza, a abrazar a los seres queridos. Nunca podrán agradecérnoslo lo suficiente. Por otro lado, el modo de celebrar la vida. Si no nos gusta que nos impongan cómo debemos celebrar las cosas buenas induciéndonos a comprar compulsivamente, a beber y a comer sin control, pensemos en cómo podemos celebrar con alegría y sana diversión, evitando también los excesos que nos llevan a dolernos física y económicamente de estas fiestas.
A la hora de la cena, también es importante concienciar a los niños que la mesa es un punto de encuentro y de unión, que nuestras relaciones sean amorosas y generosas con los demás. En definitiva, que el Adviento sea un tiempo de preparación previo para que nuestros hijos saquen todo lo mejor de la Navidad, momento de encuentro, una Navidad que nos ayude a comenzar el Año Nuevo con entusiasmo y optimismo, y no sólo de gastos económicos y de despilfarros.
Autora: Vilma Medina. Directora de GuiaInfantil.com
Fuente: guiainfantil.com