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Modelo cognitivo que postula tres conceptos específicos para explicar el sustrato psicológico de la depresión (la tríada cognitiva, los esquemas y los errores cognitivos)


1.      Concepto de tríada cognitiva:
·        Si mismo (se ve desgraciado, con oca valía, carente de valor. Tiende a subestimarse, criticarse);
·        El mundo ( interpreta sus experiencias de forma negativa; el mundo le hace demandas exageradas);
·        El futuro ( visión negativa, espera penas, frustraciones, expectativas de una determinada tarea a corto plazo son de fracaso);

2.      Organización estructural del pensamiento depresivo: Esquemas

   Los esquemas explican porque mantienen al paciente depresivo actitudes que le hace sufrir y son contraproducentes, incuso en contra de la evidencia objetiva de que existen factores positivos a su vida.
  El individuo atiende selectivamente a estímulos específicos; los combina y conceptualiza la situación.
   El esquema constituye la base para localizar, diferenciar y codificar el estímulo.  Puede permanecer inactivo durante largos períodos de tiempo y ser activado por señales del ambiente específicos.
        En depresiones leves el paciente es capaz de contemplar sus pensamientos negativos con cierta objetividad. Cuando el cuadro se agrava puede llegar a estar totalmente absorto en pensamientos negativos, repetitivos, perseverantes y puede encontrar extremadamente difícil conectarse con estímulos externos.

3.      Errores cognitivos o de pensamiento

v  Inferencia arbitraria (adelantar una determinada conclusión en ausencia de la evidencia que lo apoye);
v  Abstracción selectiva (centrarse en un detalle extraído fuera de su contexto ignorando otros relevantes y conceptualizando todo la experiencia en base a ese fragmento);
v  Generalización excesiva (regla general o una conclusión a partir de una o varios hechos aislados);
v  Maximización y minimización (al evaluar la significación o magnitud de un evento);
v  Personalización (atribuirse fenómenos externos cuando no existe conexión);
v  Pensamiento absolutista dicotómico (clasificar todas las experiencias según uno o dos categorías opuestas);

EL modelo cognitivo de la predisposición y desencadenamiento de la depresión
   Algunas experiencias tempranas proporcionan la base para formar conceptos negativos sobre uno mismo, el futuro y el mundo. Estos pueden permanecer latentes y ser activos por determinadas circunstancias.
   Las situaciones desagradables de la vida no conducen necesariamente a una depresión a no ser que la persona esté especialmente sensibilizada hacia un tipo concreto de situación debido a la naturaleza de su organización cognitiva.
  Es sumamente importante un sistema de apoyo social sólido que pueda servir para proporcionar muestras de aceptación, respeto y afecto que neutralicen la tendencia del paciente a subestimarse.
      El 10 de septiembre se conmemora el Día mundial de la prevención del suicidio
Datos útiles: Asistencia al suicidio (CAS) 135 –línea gratuita
                      (011) 5275-1135 desde todo el país (Argentina)

  Estadísticas: la argentina es la nación con mayor tasa a nivel mundial de acuerdo con el último informe de la OMS. Ocurren 14,2 muertes por cada 100.000 habitantes. En 2015 se registraron 3.202 suicidios. El sector de la población más vulnerable ronda entre los 15 y24 años de edad.

  La probabilidad de suicidio es el doble en hombres y los métodos más utilizados son muerte por asfixia o disparo.          

Cómo es el duelo para un terapeuta cuando un paciente se suicida


¿Por qué tratamos diferente el luto profesional al personal, y cómo podemos ayudar a los terapeutas que sufren de pérdidas traumáticas?


  Mientras entrevistaba por Skype a Beth, una trabajadora social radicada en los Estados Unidos, ella buscaba entre sus papeles un sobre con el nombre de Toby*, donde había una fotografía, una tarjeta del funeral y algunos dibujos. Una de las cosas que había sobre el escritorio de Beth era una piedra que, me cuenta, a Toby le gustaba tener mientras estaban en terapia. Toby había sido paciente de Beth y se había suicidado hace siete años.

  “Nunca lo olvidaré”, dice. “Fue un viernes”. Toby era un paciente de un programa para jóvenes con problemas mentales complejos. “Se negaba a salir de mi oficina”, dice Beth. “Ponía la cabeza entre los brazos y lloraba mientras decía ‘haz que se detenga'”.
 
  Toby se enfrentaba a toda una constelación de dificultades. De bebé, había sido adoptado por una familia con unos principios religiosos que él no compartía, y además pasaba un momento complicado en la escuela. Experimentaba estados de ánimo muy bajos, tenía pensamientos paranoicos y se había sobredosificado en otras ocasiones. Sin embargo, asistía al programa, tomaba los medicamentos y participaba en la terapia.

  “Estaba triste”, dice Beth. “Pero también era graciosos y sarcástico; era skateboarder y le gustaba el rock. Era el chico cool pero también era sumamente vulnerable. Estaba muy solo”.

  En las semanas previas a su muerte, Toby había empezado a preocuparse por unas inusuales explicaciones frente a su adopción. “Intentaba entender sobre el hecho de ser amado, no ser amado y ser abandonado”, dice Beth.

  Ese viernes, Beth había quedado nerviosa. “Fui al psiquiatra y dije, ‘o lo llevamos a emergencias o intentamos internarlo en un hospital'”, dice.

  Toby fue examinado pero no admitido esa misma noche. Otros miembros del equipo pensaron que sería mejor para Toby estar en casa, con la opción de regresar si era necesario. Esta clase de decisiones clínicas pueden ser insoportables, con el peso de intentar equilibrar ciertos riesgos con la salud y seguridad de una persona. Los miembros de un equipo no siempre están de acuerdo en cómo obrar, y Beth no lo estuvo.

  “Cuando sus padres vinieron a recogerlo, les dije, ‘Toby ha tenido un día muy difícil, no está bien, sean muy cuidadosos con él'”, recuerda Beth. “Les dije, ‘no duden en llamar o traerlo a emergencias’. Él se fue y le dije, ‘nos vemos pronto'”. Beth estaba de turno ese fin de semana.

  “A primera hora del sábado recibí una llamada donde me decían, ‘él está en cuidados intensivos, ¿vas a venir?'”. La noche del viernes, mientras su familia comía en el piso de abajo, Toby había ido al baño y se había disparado. Sobrevivió, pero después de un daño cerebral severo, desconectaron el soporte vital luego de unos pocos días.

  Aunque no hay muchos datos recientes, se estima que la mitad de los psiquiatras y uno de cada cinco psicólogos en Estados Unidos ha experimentado el suicidio de un paciente. El año pasado se registraron 5.821 suicidios en Reino Unido: 10 muertes por cada 100.000 personas. Sabemos que los efectos son devastadores para familiares y amigos. Se sabe mucho menos sobre las reacciones de los profesionales a cargo. ¿Qué pasa si la persona que murió era tu paciente?

  “ME SENTÍA TREMENDAMENTE TRISTE, AFECTADA Y CULPABLE. RECUERDO LLORAR MUCHO. SENTÍ VERGÜENZA. NO DORMÍA BIEN. LUEGO, DURANTE MÁS O MENOS UN AÑO FUE INCAPAZ DE TOMAR DECISIONES…

  Las olas de sentimientos que puede generar un suicidio se esparcen enormemente. “La gente suele creer que el impacto solo llega a un puñado de familiares cercanos”, dice Julie Cerel, presidenta de la Asociación Americana de Suicidología y profesora en la Universidad de Kentucky. “En realidad, nuestro trabajo a encontrado que 135 personas son expuestas a cada suicidio; quiero decir, personas que conocieron a quien murió. Y más o menos un tercio de ellos son impactados profundamente”.

  La reacción inicial de Beth fue volcar su vida al trabajo, pero las consecuencias emocionales fueron muy grandes. “Me sentía tremendamente triste, afectada y culpable. Recuerdo llorar mucho. Sentí vergüenza. No dormía bien. Luego, durante más o menos un año fue incapaz de tomar decisiones… pedía ayuda de otros todo el tiempo. Me preocupaba de qué iba a cenar porque, ¿y si tomaba la decisión incorrecta? Y me llevó un tiempo darme cuenta: esto es porque siento que tomé la decisión equivocada incluso cuando la decisión no fue solo mía”.
 
  Hay una escasez de estudios frente a las reacciones de terapeutas en casos de suicidios de pacientes, y una gran razón para eso es la reticencia para hablar al respecto. La culpa, la vergüenza y —particularmente en Estados Unidos— el miedo a enfrentar acciones legales pueden generar silenciamiento.

  “Los terapeutas suelen sentir las mismas emociones que otras personas cuando hay muertes, y tienen el peso adicional de la culpa”, dice Cerel. “Pero la culpa, que suele ser similar a la reacción de familiares que desearían haber podido hacer más, puede ser interpretada como una confesión de no haber hecho lo suficiente en un sentido clínico y eso podría llegar a un litigio. La mayoría de profesionales de la salud no sienten que puedan hablar abiertamente sobre sus reacciones frente al suicidio de sus pacientes”.

  A pesar del reducido número de investigaciones, hay una evidencia creciente alrededor del luto de profesionales. Jane Tillman, psicóloga del Austen Riggs Center de Massachusetts, condujo uno de los primeros estudios cualitativos del campo. Ella entrevistó a 12 terapeutas y encontró ocho temas comunes en las reacciones al suicidio de un paciente, incluyendo las respuestas a traumas, reacciones emocionales al duelo, sensación de crisis, efectos en las relaciones con colegas y efectos en el trabajo con otros pacientes.
 
  Uno de los participantes describió sentirse “sumamente traumatizado”, recuerda Tillman. “Se dio cuenta de que cada vez que sonaba el teléfono a mitad de la noche o en un momento inesperado, sentía un pico de adrenalina. Cuenta que ‘ni siquiera fue así como me enteré de la muerte de mi paciente, pero incluso después de muchos años pienso que un paciente se ha suicidado'”.

  Estudios más amplios muestran que aproximadamente 40 por ciento de los terapeutas afligidos reportan el suicidio de un paciente como traumático. Reacciones comunes incluyen la vergüenza, la culpa, el terror y una sensación de desesperanza, o pensar que fueron muy ingenuos o ambiciosos por pensar que habrían podido ayudar.

Tillman cree que hablar es fundamental; tanto para estudiantes como para profesionales calificados. “Suelo decir en los talleres, ‘alcen la mano sí son supervisores'”, dice. “Mucha gente alza la mano. ‘Levanten la mano si han tenido algún entrenamiento sobre qué hacer si alguno de sus subordinados tiene un paciente que se ha suicidado’. Nadie levanta la mano”.

  “Esto no es una cosa inesperada y terrible que solo le pase a malos profesionales”, agrega Tillman. “Esto hace parte de estar en el campo, y tenemos que hallar maneras para aprender al respecto, de modo que la gente no se sienta tan abandonada. No es raro estar afligido; no es una debilidad. Es una parte terrible de nuestra vida profesional”.

 Cerel cree que el duelo después del suicidio es “similar al duelo tras otras muertes repentinas, pero se diferencia en el sentido que la gente afectada por estas muertes siente que hubo algo que pudieron hacer directamente para prevenir la muerte. Se preguntan por qué durante mucho tiempo”.

  Beth aún piensa en Toby, pero no se sentía a gusto hablando de él en el trabajo. “No creo que haya tenido el derecho de procesarlo como una muerte traumática personal. Fue una pérdida profesional traumática, pero se sintió muy personal”. Para todas las estructuras teóricas y profesionales, perder a un paciente al final sí implica un luto, más aún en una situación complicada. Trae consigo todas las emociones humanas complicadas de un duelo.

  Beth entiende eso, y quiere que otros terapeutas también lo hagan. “Vivimos entre relaciones humanas”, dice. “Nos entregamos a ellas por completo así que cuando perdemos a alguien también sentimos eso con todo nuestro ser, y eso está bien. La gente debería saber que está bien estar de luto y sentirlo”.

  “¿Cómo se recupera uno?”, se pregunta ella. “Uno no lo hace. Pero tener en cuenta ‘qué necesita un individuo cuando pasa por un duelo’ puede ayudar a normalizar el evento”.

*Algunos nombres han sido cambiados.

Escrito por Lucy Madox para Mosaic y re-publicado en Psyciencia bajo licencia Creative Commons. Puedes leer el artículo original en ingles aquí.


Autores: Equipo de Redacción de Psyciencia. 

¿Es posible prevenir los intentos de suicidio? El protocolo ASSIP




  El suicidio es un problema serio, representando una de las principales causas de muerte en el mundo: 800.000 personas mueren cada año por suicidio. En Psyciencia hemos publicado algunos artículos sobre suicidio y cómo prevenirlo, y hoy vamos a volver sobre el tema para ilustrar una intervención que se ha estado utilizando en los últimos años.

 Particularmente vamos describir la intervención llamada ASSIP (siglas en inglés de Attempted Suicide Short Intervention Program, o Programa Breve de Intervención en Intentos de Suicidio; Gysin-Maillart, Schwab, Soravia, Megert, & Michel, 2016).

  Al contrario de lo que se cree, el suicidio no es algo que suele surgir de la nada; por el contrario, un suicidio completado es un proceso bastante largo que suele involucrar varios intentos previos y a menudo una historia de auto-lesiones (Hawton, Zahl, & Weatherall, 2003). Una intervención con los pacientes en riesgo puede ayudar a reducir intentos de suicidio, aún tratándose de intervenciones muy breves.

  La intervención ASSIP es de bajo costo (tres o cuatro sesiones y seguimiento), y está dirigida a pacientes con alto riesgo de suicidio. Basada en principios de teoría de la acción, terapia cognitivo conductual, y teoría del apego, se ofrece como una intervención complementaria al cuidado clínico usual y al seguimiento clínico de los pacientes en riesgo.

  ASSIP entiende a los intentos de suicidio no como expresión de un trastorno mental sino como una acción orientada a metas con su propia lógica interna, un comprensible intento de solución de un intenso dolor psicológico: “en un estado mental agudo, lleno de angustia, dolor, desesperación, desesperanza e indefensión, el suicidio puede aparecer como la solución que pondrá un fin a una situación insoportable”, escriben los autores en el manual. 

  Varios modelos de terapia comparten esta perspectiva sobre el suicidio como un intento de solución de un intenso malestar psicológico. Una vez que una persona ha tenido un intento de suicidio, es más probable que se vuelva a producir otro intento en el futuro, por lo cual es crucial que la psicoterapia proporcione herramientas más efectivas para lidiar con estados emocionales dolorosos.

  La intervención ASSIP ofrece este tipo de herramientas y recursos, al tiempo que crea una relación terapéutica sólida que oficia de “base segura” para el paciente, sostenida por cartas regulares luego de la intervención.

El protocolo ASSIP

  La intervención sigue un protocolo altamente estructurado, y consiste en tres sesiones que duran entre 60 y 90 minutos, una vez por semana, y se agregó una cuarta sesión en caso de ser necesario. Además de las sesiones, la intervención utilizó cartas personalizadas dirigidas a los pacientes durante 24 meses.

  En la primera sesión se lleva a cabo una entrevista narrativa en la cual se les pide a los pacientes construir la historia de cómo llegaron al intento de suicidio en una narración detallada, con el objetivo de alcanzar una comprensión de los mecanismos que llevaron al intento de suicidio, con foco en las vulnerabilidades específicas y eventos disparadores. Esa primera sesión es grabada en video.

  En la segunda sesión, terapeuta y paciente ven fragmentos de la narración grabada durante la primera sesión, con la intención de reactivar el estado mental del paciente durante la crisis suicida en un entorno seguro, y así reconstruir la transición del dolor psicológico a la acción suicida, identificando pensamientos automáticos, emociones, cambios fisiológicos y conducta contingente, para normalizar el dolor, la vergüenza, e identificar herramientas psicológicas alternativas a las suicidas. A finalizar segunda sesión los pacientes reciben un material psicoeducativo sobre el suicidio para trabajar durante la semana.

  El material psicoeducativo abarca cuatro páginas, con preguntas dirigidas al paciente y espacio para que escriba sus comentarios al respecto y para que se den una idea de qué se trata, comienza así (el resto del handout está en inglés aquí):

  Muchos de nosotros tenemos momentos en nuestras vidas en los cuales consideramos al suicidio como una solución posible a una situación vital difícil. Esto es bastante normal. Muchas personas dirían que tenemos libertad para realizar esa elección. El estado mental de una persona agudamente suicida, sin embargo, tiene poco que ver con la libertad de elección.

  La crisis suicida aguda es usualmente resultado de una experiencia que fundamentalmente amenaza nuestro sentido de identidad. El estado mental asociado se describe frecuentemente como un dolor psicológico o mental agudo. El dolor puede ser peor que el dolor físico más extremo. A menudo, esto es disparado por una experiencia negativa, tal como la ruptura real o posible de una relación, o una experiencia de fallo personal, o la pérdida de metas personales importantes. La situación se vuelve peligrosa cuando comenzamos a odiarnos y rechazarnos por una sensación de culpa, esto es, cuando empezamos a culparnos a nosotros mismos. Cuando no vemos solución a una situación tan dolorosa, se disparará un estado de alarma que puede ser difícil de controlar.

  En el tiempo entre la segunda y la tercera sesión, el terapeuta realiza un esbozo de conceptualización de caso, y la tercera sesión comienza con una conversación sobre el material psicoeducativo que el paciente recibió en la sesión anterior. A continuación se revisa colaborativamente la conceptualización realizada por el terapeuta, y se desarrolla cooperativamente una lista de metas a largo plazo, señales de peligro para el paciente, y estrategias a utilizar para lidiar cuando se presentan esas señales de peligro. Tanto la conceptualización como las estrategias individualizadas se imprimen para que el paciente las tenga consigo, en hojas plegables del tamaño de una tarjeta de crédito, para que paciente pueda llevarla consigo. Los pacientes reciben además una tarjeta de crisis con una lista de números telefónicos de profesionales que pueden ser contactados en caso de crisis.

  Luego de estas sesiones, los pacientes reciben cartas semi-estandarizadas durante 2 años, primero una cada 3 meses el primer año, y luego cada 6 meses el segundo año. Las cartas recuerdan a los participantes del riesgo de crisis suicidas y la importancia de las estrategias de seguridad, e incluyen algunas líneas de contenido personal escritas por el terapeuta que realizó la intervención.

¿Es posible reducir los intentos de suicidio?

  La intervención ASSIP se proporcionó como alternativa a la evaluación de riesgo usual en un estudio que involucró a 60 participantes con alto riesgo de suicidio en un entorno real, una clínica para pacientes externos en un hospital universitario de psiquiatría en Suiza, y se realizó un seguimiento de dos años. En total, la intervención ASSIP representó una reducción del 83% en el riesgo de intentos de suicidio. Durante el seguimiento de dos años, se registraron 5 intentos de suicidio en el grupo ASSIP versus 40 intentos en el grupo que recibió el tratamiento usual (n=60). Además, los participantes del grupo ASSIP pasaron 72% menos días en el hospital que el grupo con tratamiento usual.

  Estos, en caso de que no les resulte evidente, son resultados extraordinariamente positivos, especialmente considerando la brevedad y bajo costo de la intervención.

Cerrando

  Si bien el suicidio es un tema difícil de trabajar e investigar, es posible reducir el riesgo suicida de las personas, si el terapeuta conceptualiza al suicidio como una forma comprensible, aunque inefectiva, de lidiar con el malestar emocional. Varias intervenciones exitosas para suicidio ofrecen habilidades psicológicas que permiten lidiar con el malestar de una manera más saludable, y el protocolo ASSIP es un buen ejemplo de ello.

La investigación referida está disponible por completo en PLOS One , y los manuales de intervención, si bien están en inglés, están disponibles en Amazon.

Referencias:

  • Gysin-Maillart, A., Schwab, S., Soravia, L., Megert, M., & Michel, K. (2016). A Novel Brief Therapy for Patients Who Attempt Suicide: A 24-months Follow-Up Randomized Controlled Study of the Attempted Suicide Short Intervention Program (ASSIP). PLOS Medicine, 13(3), e1001968. http://doi.org/10.1371/journal.pmed.1001968

  • Hawton, K., Zahl, D., & Weatherall, R. (2003). Suicide following deliberate self-harm : long-term follow-up of patients who presented to a general hospital Suicide following deliberate self-harm : long-term follow-up of patients who presented to a general hospital. British Journal of Psychiatry, 182, 537–542. http://doi.org/10.1192/02-540

Autor: Fabián Maero. 

Bases Cognitivas de la Depresión



Modelo cognitivo que postula tres conceptos específicos para explicar el sustrato psicológico de la depresión (la tríada cognitiva, los esquemas y los errores cognitivos)

1.      Concepto de tríada cognitiva:

·        Si mismo (se ve desgraciado, con oca valía, carente de valor. Tiende a subestimarse, criticarse);
·        El mundo ( interpreta sus experiencias de forma negativa; el mundo le hace demandas exageradas);
·        El futuro ( visión negativa, espera penas, frustraciones, expectativas de una determinada tarea a corto plazo son de fracaso);

2.      Organización estructural del pensamiento depresivo: Esquemas

Los esquemas explican porque mantienen al paciente depresivo actitudes que le hace sufrir y son contraproducentes, incuso en contra de la evidencia objetiva de que existen factores positivos a su vida.
El individuo atiende selectivamente a estímulos específicos; los combina y conceptualiza la situación.
El esquema constituye la base para localizar, diferenciar y codificar el estímulo.  Puede permanecer inactivo durante largos períodos de tiempo y ser activado por señales del ambiente específicos.
En depresiones leves el paciente es capaz de contemplar sus pensamientos negativos con cierta objetividad. Cuando el cuadro se agrava puede llegar a estar totalmente absorto en pensamientos negativos, repetitivos, perseverantes y puede encontrar extremadamente difícil conectarse con estímulos externos.

3.      Errores cognitivos o de pensamiento

v  Inferencia arbitraria (adelantar una determinada conclusión en ausencia de la evidencia que lo apoye);
v  Abstracción selectiva (centrarse en un detalle extraído fuera de su contexto ignorando otros relevantes y conceptualizando todo la experiencia en base a ese fragmento);
v  Generalización excesiva (regla general o una conclusión a partir de una o varios hechos aislados);
v  Maximización y minimización (al evaluar la significación o magnitud de un evento);
v  Personalización (atribuirse fenómenos externos cuando no existe conexión);
v  Pensamiento absolutista dicotómico (clasificar todas las experiencias según uno o dos categorías opuestas);

EL modelo cognitivo de la predisposición y desencadenamiento de la depresión
  Algunas experiencias tempranas proporcionan la base para formar conceptos negativos sobre uno mismo, el futuro y el mundo. Estos pueden permanecer latentes y ser activos por determinadas circunstancias.
  Las situaciones desagradables de la vida no conducen necesariamente a una depresión a no ser que la persona esté especialmente sensibilizada hacia un tipo concreto de situación debido a la naturaleza de su organización cognitiva.

  Es sumamente importante un sistema de apoyo social sólido que pueda servir para proporcionar muestras de aceptación, respeto y afecto que neutralicen la tendencia del paciente a subestimarse.
                                        
               El 10 de septiembre se conmemora el Día mundial de la prevención del suicidio

Datos útiles: Asistencia al suicidio (CAS) 135 –línea gratuita
                      (011) 5275-1135 desde todo el país (Argentina)

Estadísticas: la argentina es la nación con mayor tasa a nivel mundial de acuerdo con el último informe de la OMS. Ocurren 14,2 muertes por cada 100.000 habitantes. En 2015 se registraron 3.202 suicidios. El sector de la población más vulnerable ronda entre los 15 y24 años de edad.
La probabilidad de suicidio es el doble en hombres y los métodos más utilizados son muerte por asfixia o disparo.
          
Autores: Beck et. Al.
Fuente: infobae, Centro de Atención al Suicidio CAS.

Primeros auxilios Psicológicos



Tras un acontecimiento o situación traumática como una catástrofe natural, un atentado terrorista o un accidente de avión, las personas afectadas se encuentra en una situación de gran vulnerabilidad, además de experimentar gran sufrimiento. En estos momentos críticos, la intervención psicológica de urgencia es fundamental para restablecer el equilibrio emocional de los afectados. Veamos en qué consisten los Primeros Auxilios Psicológicos (PAP).


¿Qué son los Primeros Auxilios Psicológicos?

La intervención psicológica breve e inmediata en un momento de crisis se conoce como Primeros Auxilios Psicológicos (PAP). Su objetivo principal es ayudar a las personas afectadas a afrontar el evento traumático y evitar que tengan así el mayor número posible de secuelas. No obstante, esta intervención psicológica también ofrece protección, seguridad y esperanza.

Los PAP pretenden restablecer el equilibro emocional de las personas afectadas tras una catástrofe. Es decir, reducir su angustia emocional y apoyarlos para que se reencuentren con su capacidad de afrontar lo sucedido. De hecho, gracias a este tipo de recursos se disminuyen los niveles de estrés, los afectados conectan con su red de apoyo y ponen en marcha diversas habilidad de afrontamiento ante lo sucedido.

Así, podemos decir que este tipo de intervención psicológica actúa como un soporte inicial para que la experiencia vivida no se vuelva devastadora y termine por invadir y deteriorar la vida de las personas afectadas.


Principios básicos

Los Primeros Auxilios Psicológicos son llevados a cabo por profesionales del ámbito de la salud mental y se organizan en torno a una serie de principios básicos:

· Proteger. Las personas afectadas tienen que sentirse protegidas y seguras. Acaban de vivenciar una situación atroz que les ha roto todo sentimiento de controlabilidad, equilibrio y seguridad por lo que buscar un refugio y evitar el contacto con los medios de comunicación durante las primeras horas es fundamental.

· Dirigir. Puede que los afectados se encuentren incapaces de dirigirse a sí mismos por todo lo vivido o que tengan dudas sobre qué hacer y cómo actuar. Los profesionales de la salud mental serán quienes guíen los siguientes pasos y quienes organicen a todos los afectados.

· Conectar. Este principio consiste en conectar a las personas con sus recursos personales, así como con el resto de recursos sociales disponibles y útiles. Se trata de potenciar el afrontamiento de lo sucedido desde la propia persona y desde el exterior.

· Tratar. Otro principio que no debemos olvidar es la propia intervención psicológica con las personas que muestren signos de estrés agudo, ansiedad y duelo, así como cualquier otro comportamiento que se considere necesario.

· Cuidados agudos. La asistencia ante un acontecimiento traumático solo permite una atención aguda y de breve duración. Algo que el profesional debe tener en cuenta para el establecimiento de la relación terapéutica con los afectados.

Además de conocer estos principios básicos para prestar una atención psicológica de calidad, los profesional deben permitir la libre expresión de sentimientos por parte de las víctimas, así como practicar la escucha responsable y transmitir una actitud de aceptación. Todo ello desde un comportamiento empático y de confianza.


Protocolo de los Primeros Auxilios Psicológicos

Los Primeros Auxilios Psicológicos (PAP) se rigen por protocolos de actuación.
Este es fruto de la experiencia de profesionales que han estudiado los efectos de diversos métodos de actuación ante las situaciones de emergencia.


El protocolo ACERCARSE es uno de los más conocidos en este ámbito. Consiste en ocho etapas secuenciales para proporcionar una atención psicosocial de carácter integral. Su estructura y composición es la siguiente:

Ambiente: Esta primera fase consiste en una toma de contacto del psicólogo con la situación de crisis.Para ello tiene que informarse y comprender las principales características de lo sucedido:

· Contextualización

· Evaluación del ambiente

· Selección del paciente o grupo

· Evaluación inicial del paciente

Contacto: En esta fase el psicólogo debe comenzar el contacto con la persona afectada, teniendo en cuenta los siguientes aspectos:

· Observar los aspectos no verbales de la víctima.

· Hacer el contacto y establecer la relación terapéutica.

· Promover el distanciamiento psicológico de lo sucedido por parte de la víctima.

· Realizar preguntar relacionadas con los hechos ocurridos y que faciliten descripciones que lleven al procesamiento cognitivo. De este modo, se evita que la persona se concentre únicamente en los aspectos emocionales.

Evaluación: Una vez establecido el contacto, el psicólogo o profesional de la salud mental tiene que hacer una evaluación de los siguientes aspectos:

· Exploración inicial o examen del estado mental.

· Identificación del problema.

· Estilo de afrontamiento del afectado.

· Identificación de recursos personales de la persona afectada y de los apoyos sociales disponibles.

Restablecimiento emocional: Esta fase consiste en la facilitación de la comunicación emocional para así poder llegar a un buen funcionamiento adaptativo.
El psicólogo hará preguntas a la persona afectada con el objetivo de que esta exprese cuáles son sus emociones y cómo se siente. Para ello, puede utilizar la habilidad de la escucha activa y técnicas de activación y desactivación fisiológica.

Además, se intentará en la medida de lo posible recuperar la red social del afectado, así como estar accesible y disponible.

Comprensión de crisis: El objetivo de esta fase es que la persona afectada comprenda la crisis. Para ello, se le podrá facilitar información general sobre los problemas y los efectos del estrés e información específica sobre el suceso ocurrido. Lo ideal es promover una narración adaptativa en la persona y responder todas sus preguntas.


  1. Activar. Esta fase consiste en activar a la acción a la persona afectada. Para ello, se recomienda:
                 · Recuperar el nivel de procesamiento cognitivo. El objetivo es que la persona se centre en actividades y hechos.

                · Elaborar un plan de acción. Junto a la persona afectada de decidirá cómo actuar explotando sus recursos y estrategias personales.

                · Planificar contratos verbales personales para que el plan se cumpla.


      2. Recuperación de funcionamiento. Esta fase pretende que la persona recupere su vida normal, para ello el psicólogo tiene que promover las siguientes actuaciones:

               · Planificar tareas y actividades próximas y en compañía.
               · Promover que la persona afectada funcione de forma independiente.

               · Dejarle acompañado, ya sea por profesionales sanitarios como por familiares o amigos.

               · Estudiar la posible derivación o traslado.

               · Informar a la persona afectada de su hospitalización, en el caso de que ocurra.

                · Planificar el alojamiento y las actividades para el hogar.

     3. Seguimiento. Como en toda intervención psicológica, los primeros auxilios psicológicos también consideran necesario realizar seguimientos a corto y medio largo plazo. El objetivo es que la persona afectada sienta que hay una continuidad en la atención psicológica recibida.

Como vemos, los primeros auxilios psicológicos contribuyen a que una situación traumática no vaya a más y que la persona afectada se sienta atendida, comprendida y protegida en todo un momento. Una gran labor en la que los profesionales de salud mental son el enlace fundamental para que los afectados puedan avanzar.


Fuente: www.psicoactiva.com

Arteterapia



Definición
Arteterapia es una disciplina del campo de la Psicoterapia en la que se emplean recursos de las artes con objetivos terapéuticos. Ella resulta de la convergencia de las teorías de la Psicología y las técnicas y conocimientos artísticos, abarcando así las especialidades de Musicoterapia, Danza/movi-miento terapia, Psicodrama, Biblioterapia y Arte Terapia (plástica).


Objetivo
Su objetivo es utilizar herramientas que faciliten la expresión y comunicación de aspectos internos del individuo, cuya puesta en palabras resulta incompleta o dificultosa por diversas causas, apelando a medios no verbales.


Arte Terapia (Plástica)
Se trabaja con dibujos, armados, esculturas de pequeño tamaño, collages, y otras técnicas provenientes de las artes plásticas.

Nos interesa permitir que emociones y sensaciones que intervienen en un proceso terapéutico tomen colores, líneas, formas y movimientos para profundizar en los contenidos que afloran. De tal manera, hacemos que el material inconsciente se haga presente en forma visual para trabajar sobre el mundo de las imágenes internas del psiquismo de la persona.

Propiciamos la producción de sentido posible a partir del trabajo plástico, teniendo en cuenta que el arte es un lenguaje simbólico entre otros disponibles para el ser humano.

Entendemos por lenguaje simbólico a la diversa forma expresiva humana tal que remita a una significación. Así, son lenguajes simbólicos tanto el lenguaje verbal en su forma oral o escrita, el lenguaje corporal, el lenguaje gestual, el lenguaje musical, el lenguaje de señas, el lenguaje plástico, etc.

No es necesario que el paciente cuente con ningún conocimiento artístico previo para participar de este modelo terapéutico. Las técnicas que se imple-mentan, aunque son muy variadas, son sencillas de implementar en las sesiones.

Se eligen en función de la situación particular de cada paciente. Incluso se crean algunas que resultan específicas para necesidades puntuales durante el transcurso del proceso terapéutico. También suelen utilizarse materiales no convencionales.


¿Dibujar o hablar?
La producción artística ocupa un lugar de herramienta intermediaria en el proceso terapéutico, para que a posteriori se proceda a su elaboración en el plano consciente. Esto quiere decir que la propuesta de dibujar (o realizar una producción plástica con cierta técnica específica) tiene un sentido, que es descubrir aquello que no es dicho en palabras con facilidad, y esto no excluye a la palabra de este procedimiento. De tal manera, se opera sobre la ampliación del espectro expresivo y sobre el descubrimiento de contenidos habitualmente ocultos, facilitando el acceso a ellos. Así es que las imágenes hacen emerger material inconsciente.

Una de las diferencias entre el lenguaje verbal y las artes plásticas es que las palabras tienen una significación predeterminada y las imágenes plásticas no. Sin embargo, ¿a quién no le ha ocurrido la experiencia de no encontrar las palabras adecuadas para expresar un sentimiento, una emoción o un pensamiento? Incluso careciendo de significación previa, las imágenes tienen un sentido para quien las dibuja, lo sepa o no en el momento de producirlas. Es sobre ello con lo que se trabaja en Arte Terapia.

Otra diferencia entre lenguaje verbal y arte plástico es que la imagen está más potenciada por el componente emotivo que la palabra, componente indispensable en un proceso terapéutico. Siendo entonces que en el trabajo terapéutico todo lo que se mueve alrededor del eje afectivo / emocional es primordial, lo expresivo y creativo sirve para canalizar este aspecto.

Este modelo de trabajo permite al paciente mayor participación en el tratamiento ya que toma un lugar activo. Esto genera mayor seguridad en sí mismo y motivación para la comprensión de los contenidos de las producciones.

Los modelos clásicos de terapia han utilizado la palabra como el canal privilegiado de comunicación entre el paciente y el terapeuta. Los Arte Terapeutas incluyen las imágenes conscientes de que en un dibujo o producción plástica, aquello que debe expresarse puede lograrse de forma más directa.

Si bien la mayoría de los adultos se sienten atemorizados ante una caja de colores y una hoja de papel en blanco, la expresión surge del individuo en forma espontánea si se le da la posibilidad, se lo contiene y se lo estimula correctamente. Así es que el material existente en nuestro inconsciente toma formas visuales.

El arte
El arte se presenta a lo largo de la historia de la Humanidad como parte de cada cultura, representando las vicisitudes presentes en cada sociedad y en cada época, siendo inherente a la expresión y a la comunicación del hombre. Los artistas siempre han sabido representar aspectos propios de la sociedad y la cultura en las que han vivido. En este sentido el arte es un medio expresivo y comunicativo por excelencia.

Si bien existen ciertas asociaciones de significaciones para colores y formas aceptadas culturalmente, cada persona tiene su propio repertorio de asociaciones, lo sepa conscientemente o no.


El lugar de la producción
El medio creativo no verbal es utilizado como herramienta intermediaria, y vamos junto al paciente en busca del sentido que tiene dentro del proceso terapéutico. De tal manera que no es el producto artístico el objetivo de esta práctica, sino el contenido - la mayor de las veces inconsciente - que va arrojando a lo largo del trabajo con cada paciente.

La experiencia demuestra que los pacientes van descubriendo lo que habita sus imágenes a medida que las van describiendo, lo que tiene un efecto sorpresivo muy interesante.

El arte permite acceder a la posibilidad de nombrar y significar aquellos contenidos que no están disponibles fácilmente - por las razones que fueran - para trabajar sobre ellos, aunque si bien no todos los pacientes, por su patología particular, están en reales condiciones de verbalizar, el trabajar solamente desde el nivel de la imagen, mantiene su potencial expresivo y terapéutico.



Fuente: Asociación Argentina de Arteterapia.

La Neuropsicología


La Neuropsicología es una especialidad perteneciente al campo de las neurociencias, que estudia la relación entre los procesos mentales y conductuales y el cerebro. Constituye un punto de encuentro entre la psicología y la neurología En los últimos años ha recibido un renovado impulso del creciente desarrollo de las ciencias cognitivas (psicología cognitiva, inteligencia artificial, lingüística), de las ciencias neurobiológicas (neuroanatomía, neurofisiología, neuroquímica) y de la explosión tecnológica con las técnicas de neuroimagen (en particular la resonancia magnética, la tomografía por emisión de positrones o PET, el mapeo cerebral y la resonancia magnética funcional). Un Neuropsicólogo se ocupa entonces del diagnóstico y el tratamiento de aquellos problemas cognitivos, conductuales y emocionales que pueden ser resultado de diferentes procesos que afecten el normal funcionamiento cerebral.

¿Qué son las funciones cognitivas?
Con el término “funciones cognitivas” se hace referencia a procesos mentales o intelectuales como la capacidad de prestar atención, recordar, producir y comprender el lenguaje, resolver problemas y tomar decisiones.

Las funciones cognitivas conforman un amplio grupo de capacidades y habilidades que incluyen :

  •  La atención (incluyendo el alerta, la atención focalizada, sostenida, la concentración, etc.)
  •  La memoria verbal (con sus distintas modalidades: memoria de largo plazo, memoria de corto plazo o memoria de trabajo, memoria procedural, memoria semántica, memoria episódica, etc.)
  •  La memoria visual
  • ·El lenguaje (en sus diferentes aspectos: fonológico, semántico, sintáctico, morfológico, pragmático, así como la fluidez, la prosodia, etc.)
  • La visopercepción- percepción visomotriz
  • Las habilidades visoconstructivas
  • La velocidad de procesamiento de la información
  • El razonamiento concreto
  • El razonamiento abstracto
  • Las funciones ejecutivas (que abarcan una gama de capacidades como flexibilidad cognitiva, planificación, monitoreo, resolución de problemas, etc.)
  • La orientación espacial y temporal
  • La organización del acto motor
  • Las habilidades académicas (lectura, escritura, cálculo)


¿Con qué pacientes trabaja la Neuropsicología?
Los neuropsicólogos trabajan con personas de todas las edades, y que padecen diferentes afecciones:

· Con mayor frecuencia tratan a pacientes con problemas neurológicos, que pueden incluir traumatismo de cráneo, accidente cerebro vascular, tumores cerebrales, enfermedades neurodegenerativas, como la enfermedad de Alzheimer, la enfermedad de Parkinson, esclerosis múltiple, epilepsia, patologías del desarrollo como el autismo, etc. Todas estas patologías pueden cursar con alteraciones neuropsicológicas, presentando perfiles cognitivos relativamente característicos. Su detección es de suma importancia para encarar un tratamiento adecuado.

· Otro grupo de consultantes lo constituyen los sujetos mayores, preocupados por sus problemas de memória. En muchos de estos casos se trata simplemente de los cambios normales que acontecen en el sistema cognitivo producto del envejecimiento, pero en otros puede deberse a la presencia de un deterioro cognitivo leve, o a la fase inicial de una demencia.
Entre los hallazgos más novedosos de los últimos tiempos está la posibilidad de realizar un diagnóstico temprano de la enfermedad de Alzheimer, mediante tests sensibles y específicos, lo cual permite mayores posibilidades de tratamiento, ya que está demostrado que la mayor eficacia terapéutica (esto es, lograr un enlentecimiento del deterioro inexorable) se obtiene en la fase inicial de la enfermedad.

· Existen otras patologías crónicas, como diabetes, hipotiroidismo, lupus, en las que también suelen verse alteraciones cognitivas.

· Asimismo muchas enfermedades psiquiátricas (como la esquizofrenia, la depresión, el trastorno bipolar y el trastorno obsesivo-compulsivo) comprometen ciertas funciones cognitivas y en muchos casos ameritan la exploración neuropsicológica

Particularmente es en este último grupo de patologías donde la Neuropsicología ha avanzado más en los últimos tiempos, proponiendo un cambio de mirada hacia trastornos clásicos como la esquizofrenia y el trastorno bipolar, por ejemplo. Entender a la esquizofrenia como una patología con déficit en las funciones ejecutivas, en la atención, y en la cognición social , implica todo un cambio en lo que hace a la posibilidad de tratamiento y la calidad de vida de estos pacientes.

¿Qué es la Rehabilitación Cognitiva?
La rehabilitación cognitiva, también llamada rehabilitación de las funciones cerebrales superiores, es un método terapéutico destinado a mejorar o compensar los déficits neurocognitivos producidos por procesos que afectan el normal funcionamiento cerebral.

Diversas enfermedades neurológicas o afecciones psicológicas, pueden acarrear dificultades en las capacidades de atención, memoria, lenguaje, razonamiento, organización, etc. A través de la terapia de rehabilitación cognitiva se procura ya sea restaurar esas funciones o compensarlas a través del aprendizaje de otras habilidades.

¿Qué personas pueden beneficiarse de un programa de estimulación y rehabilitación cognitiva?
Todo aquel que haya experimentado cambios en su capacidad de recordar, concentrarse, pensar, hablar con fluidez, razonar, resolver problemas, organizarse, etc. debido a múltiples condiciones: traumatismo de cráneo, epilepsia, enfermedad de Alzheimer, accidente cerebro-vascular, esclerosis múltiple, ADHD, depresión, esquizofrenia etc.

¿Qué es la evaluación neuropsicológica?
La evaluación Neuropsicológica (también denominada evaluación neurocognitiva) es un método diagnóstico que estudia el funcionamiento cerebral y brinda información no provista por otros métodos de estudio, como el electroencefalograma, la tomografía computada o la resonancia magnética. Permite al médico y a otros profesionales comprender cómo funcionan las diferentes áreas y sistemas del cerebro de un paciente a través de la medición de sus capacidades cognitivas.

¿Cuándo debe realizarse una evaluación neuropsicológica?
Habitualmente se recomienda la realización de dicha evaluación neuropsicológica cuando existen síntomas o quejas relacionados con la memoria, la atención, o el razonamiento.
Algunos signos que requieren una evaluación neuropsicológica son cambios en la concentración, la organización, el razonamiento, la memoria, el lenguaje, la percepción, la coordinación o la personalidad. El cambio puede deberse a cualquiera de muchas causas médicas, neurológicas, psicológicas o genéticas.
Las pruebas o estudios serán útiles para entender la situación específica de cada paciente.

¿Qué aspectos se evalúan?
Una evaluación neuropsicológica típica implica la medición de los siguientes aspectos:
  • La capacidad intelectual general
  • El aprendizaje y la memoria
  • Las habilidades visoespaciales
  • El temperamento y la personalidad
  • El lenguaje
  • La atención y la concentración
  • Las destrezas de ejecución de alto nivel o funciones ejecutivas (por ej., secuenciación, razonamiento, resolución de problemas)
Algunas capacidades pueden estudiarse en mayor detalle que otras, dependiendo de las necesidades de cada paciente.

¿Qué utilidad tiene la evaluación neuropsicológica?
Los resultados de los tests neuropsicológicos son útiles en una variedad de situaciones:

· Como característica general, la evaluación puede ayudar a identificar debilidades en áreas o funciones específicas (problemas de memoria vs problemas de atención, p.ejemplo)

· Es especialmente útil para identificar la presencia y naturaleza de trastornos cognitivos precoces o leves. Tiene una gran sensibilidad para detectar problemas leves de memoria que de otra manera podrían no ser obvios. Muchas veces, cuando los problemas son muy sutiles, la evaluación neuropsicológica es la única herramienta que permite detectarlos. Por ejemplo, el perfil neurocognitivo puede ayudar a determinar si los cambios de memoria son cambios normales debidos a la edad, o son más bien el reflejo de un trastorno neurológico.

· Cuando se diagnostica una demencia, el perfil neurocognitivo permitirá tipificar si se trata de una Enfermedad de Alzheimer, una Demencia Fronto-Temporal, una Demencia Vascular, etc.

· La evaluación puede ser útil también para identificar problemas asociados con enfermedades médicas que pueden afectar la memoria y la atención , como la diabetes, las enfermedades metabólicas o infecciosas, o el alcoholismo.

· Los resultados de las pruebas también pueden servir para ayudar a distinguir entre diversas enfermedades, lo cual es importante porque el tratamiento apropiado depende de un diagnóstico preciso. Diferentes enfermedades darán como resultado diferentes patrones de puntos fuertes y débiles en las pruebas. Por lo tanto, los resultados pueden ser útiles para determinar cuáles áreas del cerebro podrían estar involucradas y de qué enfermedades podría tratarse. Por ejemplo, las pruebas pueden ayudar a diferenciar entre la enfermedad de alzheimer, un accidente cerebro vascular y la depresión.

· La evaluación neuropsicológica permite también clarificar las causas de un trastorno cognitivo dado (p.ej. depresión u otro trastorno emocional-conductual vs. patología cerebral).

· El desempeño de un paciente en las pruebas puede servir para planificar tratamientos, tomando como base los puntos fuertes para compensar las debilidades. Los resultados ayudan a identificar cuáles problemas deben ser los objetivos del trabajo y cuáles estrategias hay que usar. Por ejemplo, los resultados de las pruebas pueden ayudar a planificar y monitorear la rehabilitación o a realizar el seguimiento de la recuperación de destrezas después de un accidente cerebro vascular o de un traumatismo de cráneo.

· Los estudios han demostrado cómo los puntajes en pruebas específicas se relacionan con capacidades de funcionamiento en la vida cotidiana, como administrar el dinero, manejar el auto o estar en condiciones de retomar el trabajo. Los resultados obtenidos ayudarán al médico a entender y anticipar qué problemas podría tener el paciente en su vida diaria y tomar los recaudos necesarios.

· Por otra parte permite evaluar los efectos de una cirugía, en caso de cirugía de la epilepsia, hidrocefalia, tumores, etc.

· Es también útil para evaluar los efectos de la toxicidad de ciertas terapias farmacológicas (como en enfermedad de Parkinson, epilepsia, esquizofrenia, p.ej.) y no farmacológicas (p.ej., terapia electro-convulsiva)

¿En qué casos se recomienda realizar una evaluación neuropsicológica?

En el campo de la psicología y la psiquiatría, también hay en la actualidad un mayor consenso en relación a las patologías en las que es altamente aconsejable realizar una evaluación neuropsicológica. Algunas de estas patologías se detallan a continuación.

Las investigaciones en esquizofrenia de las últimas dos décadas han puesto énfasis en la importancia de la realización de una evaluación neurocognitiva en pacientes con esta patología, ya que se ha visto que el déficit neurocognitivo es un aspecto nuclear de la patología, está presente incluso antes de la aparición de los síntomas positivos, y es un elemento predictor de la respuesta al tratamiento y de la capacidad funcional (laboral y social) a largo plazo.

En patologías como la depresión mayor, que cursa con trastornos cognitivos, la inclusión de una evaluación neuropsicológica es en ocasiones decisiva para determinar si el déficit cognitivo que presenta es debido a esta patología afectiva, o si, en cambio, se debe a la presencia de un cuadro demencial.

En el trastorno por déficit de atención (tanto en niños como en adultos) la administración de una batería neurocognitiva forma parte en algunos centros internacionales del protocolo diagnóstico básico, en donde se pone el mayor énfasis en la evaluación de la atención y las funciones ejecutivas.

En casos de adicción a sustancias, como el alcoholismo y la drogadicción es importante evaluar la presencia y el alcance de trastornos neuropsicológicos como forma de determinar las consecuencias de la adicción en el funcionamiento cerebral, y para contribuir a la planificación de un programa de rehabilitación.

En el trastorno por estrés post-traumático, las dificultades de memoria y de atención son una parte integral de esta patología, a tal punto que están incluidos como criterio diagnóstico en el DSMIV. Si bien las quejas de dificultades cognitivas caracterizan a un grupo significativo de pacientes con PTSD, estas quejas subjetivas no necesariamente indican un trastorno neurocognitivo objetivo. Por ello es que los expertos recomiendan la realización de una evaluación neurocognitiva en este grupo de pacientes, no sólo debido al impacto potencial adverso del compromiso cognitivo en las actividades de la vida diaria sino también por los vínculos hallados entre la disfunción cerebral y el trastorno neuropsicológico.

Fuente: Centro de asistencia neuropsicológica. Neuropsic