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Trastorno Específico del Lenguaje: causas, tipos y síntomas



¿Qué es el trastorno específico del lenguaje?

El trastorno específico del lenguaje, TEL (Specific Language Impairment, SLI) es un trastorno que retrasa la adquisición del lenguaje en niños que no tienen pérdida de audición ni ninguna otra causa de retraso en su desarrollo. El trastorno específico del lenguaje también se conoce como trastorno del desarrollo del lenguaje, retraso en el lenguaje o disfasia de desarrollo. Es una de las discapacidades del aprendizaje más comunes durante la niñez, que afecta aproximadamente del 7 al 8 por ciento de los niños en el jardín de infancia. El impacto del TEL persiste en la edad adulta.

Causas

Para la mayoría de los bebés y niños, el lenguaje se desarrolla de manera natural comenzando en el nacimiento. Para desarrollar el lenguaje, un niño debe ser capaz de oír, ver, entender y recordar. Los niños también deben tener la capacidad física para formar el discurso.

Hasta 1 de cada 20 niños tiene síntomas de un trastorno del lenguaje. Cuando la causa se desconoce, se denomina trastorno del desarrollo del lenguaje.

Los problemas con las habilidades lingüísticas receptivas comienzan generalmente antes de los 4 años de edad. Algunos trastornos del lenguaje mixtos son ocasionados por una lesión cerebral. Estas afecciones algunas veces se diagnostican de manera errónea como trastornos del desarrollo.

Los trastornos del lenguaje pueden ocurrir en niños con otros problemas del desarrollo, trastornos del espectro autista, pérdida de la audición y dificultades de aprendizaje. Un trastorno del lenguaje también puede ser causado por daño al sistema nervioso central, el cual se denomina afasia.

Los trastornos del lenguaje en raras ocasiones son causados por falta de inteligencia.

Los trastornos del lenguaje son diferentes al retraso en el lenguaje. Con este último, el niño desarrolla el habla y el lenguaje de la misma manera que otros niños, pero posteriormente. En los trastornos del lenguaje, el habla y el lenguaje no se desarrollan normalmente. El niño puede tener algunas habilidades del lenguaje, pero no otras. O la manera como estas habilidades se desarrollan será diferente de lo usual.

Tipos

Trastornos primarios: cuando la grave alteración del lenguaje o presencia de retraso en el lenguaje no puede ser explicada por otra patología más grave como por ejemplo: sordera, discapacidad intelectual.
Trastorno específico del lenguaje (TEL)

Disfasia

Retrasos del lenguaje

Trastornos secundarios: cuando forman parte de otra patología o cuadro de base, siendo las alteraciones lingüísticas uno de los síntomas del mismo, como por ejemplo, hipoacusias, autismo, parálisis cerebral, y otros.

Hipoacusia

Retraso mental

Alteraciones neurológicas (PCI y otras encefalopatías)

Disartria del desarrollo

Alteraciones psiquiátricas

TEA

Trastornos ya adquiridos

Afasia infantil

Afasia del adulto

Asociados a síndromes psiquiátricos (Esquizoafasia)

Asociados a deterioro neuropsicológico (Demencias)

Síntomas

Un niño con trastorno del lenguaje puede tener uno o dos de los síntomas de la lista de abajo o muchos de los síntomas. Pueden ir de leves a graves.

Los niños con un trastorno del lenguaje receptivo tienen dificultad para entender el lenguaje. Ellos pueden tener:

Dificultad para entender lo que otras personas han dicho

Problemas para seguir instrucciones que se les dicen

Problemas para organizar sus pensamientos

Los niños con un trastorno del lenguaje expresivo tienen problemas con el uso del lenguaje para expresar lo que están pensando o necesitan. Estos niños pueden:

Tener dificultad para juntar las palabras en oraciones o sus oraciones pueden ser simples y cortas y el orden de las palabras puede estar errado
Tener dificultad para encontrar las palabras correctas al hablar y con frecuencia usar muletillas como «um»
Tener un vocabulario que está por debajo del nivel de otros niños de la misma edad

Dejar palabras por fuera de las oraciones al hablar
Usar ciertas frases una y otra vez, y repetir (eco) partes o todas las preguntas

Emplear tiempos (pasado, presente, futuro) inadecuadamente

Debido a sus problemas del lenguaje, estos niños pueden tener dificultad en ambientes sociales. A veces, los trastornos del lenguaje pueden ser parte de la causa de problemas conductuales serios.

Diferencias entre Psicología y Psiquiatria






¿En qué se parecen?

El psicólogo y el psiquiatra son especialistas en la rama de la psicología, que es una ciencia que estudia el comportamiento, las emociones y la forma de pensar de las personas. Los comportamientos que se saltan lo “normal” se califican como enfermedades o trastornos. Cada uno de estos padecimientos tienen distintos niveles de severidad y en los casos más severos se debe acudir a uno de ellos.

Por ejemplo, existe la tristeza que es un sentimiento que experimentamos todos alguna vez en la vida. Pero si esa tristeza se volviera crónica y empezará a afectar a nuestra vida cotidiana, ¿Tú con quién irías, con el psicólogo o con el psiquiatra?

¿Qué es un psicólogo?

El psicólogo es un especialista del área de la psicología que estudia una licenciatura en psicología y ejerce como profesional de la misma. Las carreras de psicologías duran entre 4 y 5 años aproximadamente, aunque después se pueden especializar en otros campos que les permitan obtener más conocimientos o ejercer otra profesión.

Los psicólogos dedicados al área clínica por término general ofrecen consultas a personas con problemas emocionales o de comportamiento. Esto siempre que las personas que requieran de sus servicios no necesiten alguna prescripción médica para tratar una enfermedad porque NO pueden dar recetas médicas.

Utilizan técnicas y ejercicios que permiten ir rehabilitando conductas, pensamientos o emociones perjudiciales y modifica todas aquellas variables psicológicas que puedan influir en mantener la enfermedad. También analiza el entorno social y emocional del paciente, intentado eliminar todo lo que pueda favorecer o mantener la patología presentada.

¿Qué es un psiquiatra?

El psiquiatra es una persona que estudia la carrera completa de medicina, con una duración media de 6 años, y posteriormente hace una especialidad en psiquiatría.

Se encarga de diagnosticar y tratar las enfermedades mentales abordándolos prioritariamente desde su parte fisiológica prescribiendo medicación a fin de equilibrar la bioquímica del cerebro y reparar o compensar la fisiología que esté deteriorada, teniendo siempre en cuenta las variables psicológicas que hay que abordar para el completo restablecimiento del paciente. El que pueda dar medicamentos se debe a que el psiquiatra, como ya dije antes, cursa medicina.

Diferencias:

Si no habéis deducido las diferencias mediante lo explicado anteriormente lo resumo.

En el ámbito académico la psicología es una carrera como tal mientras que la psiquiatría depende de cursar la carrera de medicina y después la especialidad en ese ámbito.

Respecto al término laboral el psiquiatra ayuda a personas con trastornos más severos que los de las personas que van a un psicólogo, y pueden recetar medicamentos. Dentro de la psicología hay varias especializaciones posibles y la psiquiatría es una especialización en si.
¿A quién acudo?

En la mayoría de los casos, el psiquiatra y el psicólogo deben trabajar conjuntamente debido a la complejidad del funcionamiento del cerebro y a la cantidad de variables que influyen en el origen y mantenimiento de los problemas psicológicos.

Es muy complejo el recomendarle a una persona a cual debería acudir. Si con las aclaraciones dadas con anterioridad sigues dudando; acudir a tu médico de cabecera, exponerle la situación y atender a su opinión como profesional es mucho más fiable que hacer caso a sugerencias escritas por la web.

Fuente: aprender20.es


 

Cómo ayudar a una persona con ansiedad: 7 consejos sobre qué hacer

 


  Todos o casi todos nos hemos sentido ansiosos en algún momento de nuestra vida. Así pues, sabemos que ese estado de malestar, sensación inquietud, hiperactivación y nerviosismo es altamente punitivo y aversivo, y por lo general es algo que no queremos experimentar.

  Ahora bien, salir de un estado de ansiedad puede no ser tan fácil como parece. De hecho se trata de algo complicado, especialmente si lo que nos da es una crisis de ansiedad. Imaginemos ahora que quien la sufre no somos nosotros, sino otra persona que nos importa. ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo ayudar a una persona con ansiedad? Hablemos de ello a lo largo de este artículo lleno de consejos a tener en cuenta.
Ansiedad: ¿qué es?

  Para poder pensar cómo ayudar a una persona con ansiedad primero debemos saber y entender el tipo de situación por el que está pasando. Y es por ello que una breve explicación sobre lo que es la ansiedad puede resultar de utilidad.

  Damos el nombre de ansiedad a un estado de profundo malestar subjetivo de origen emocional caracterizado por la presencia de un fuerte afecto negativo juntamente con un alto nivel de actividad o activación fisiológica, lo que a su vez tiene un efecto sobre la conducta.

  Estamos ante un estado que suele definirse como una reacción aprensiva que aparece sin necesidad de que exista una situación amenazante en la actualidad, pero que sí tiende a vincularse a la anticipación de una amenaza futura o a un desbordamiento o incapacidad para hacer frente a las demandas ambientales, si bien no siempre se es consciente de su origen.

  Es importante tener en cuenta que en la ansiedad existe una interacción entre un componente subjetivo o cognitivo-emocional, el cual permite percibir las emociones y el estado de malestar, un componente biológico o fisiológico en el que la afectación emocional genera una serie de síntomas físicos (siendo los más habituales las palpitaciones, taquicardias y las aceleraciones del ritmo respiratorio, aunque pueden existir otras como dolor, boca seca, sudor o temblores) y por último un componente conductual que incluye el conjunto de acciones que se llevan a cabo en dicho estado.
Las crisis de ansiedad

  La existencia de cierto nivel de estrés y ansiedad es habitual en nuestra sociedad, pero lo cierto es que a menudo la ansiedad puede llegar a elevarse de tal modo que puede llegar a desbordarnos, a veces incluso de manera sorprendente y sin que haya un aviso previo. Es el caso de lo que nos ocurre cuando tenemos una crisis de ansiedad.

  En estas crisis surge de manera repentina un gran malestar y aparece pánico junto con palpitaciones y taquicardia, sensación de ahogo e hiperventilacion, dolor abdominal o en el pecho, mareos, sudoración, temblores, sensación de estar sufriendo un infarto, estar muriendo, estar enloqueciendo o estar perdiendo el control del propio cuerpo.

  También es habitual que aparezca una sensación de extrañeza e irrealidad, conocida como despersonalización.

  Por eso, a la hora de ayudar a una persona con ansiedad que esté pasando por una etapa con crisis frecuente, es importante saber que hay que intervenir tanto durante estas como cuando no se están produciendo, para prevenirlas.
La ansiedad y los trastornos derivados de ella

  La ansiedad no es una emoción o reacción infrecuente. De hecho la mayor parte de personas ha sentido a lo largo de su vida algún grado de ansiedad, y un elevado porcentaje de la población mundial ha vivido o vivirá a lo largo de su vida alguna crisis de angustia en algún momento.

  Ello no es por sí patológico, pero a veces la persistencia de la ansiedad o su aparición repetida, sea o no ligada a algún tipo de situación o estimulación, puede llegar a volverse un trastorno altamente invalidante. Y de hecho, el conjunto de trastornos de la ansiedad es el tipo de alteración más frecuente que existe, junto con la depresión mayor.

  Son muchos los trastornos de la ansiedad, pero probablemente los más conocidos sean el trastorno de pánico y el trastorno por ansiedad generalizada.

  En el primero el sujeto sufre de manera repetida varios episodios de crisis de ansiedad, cosa que genera la aparición de ansiedad anticipatoria ante la posible aparición de una nueva crisis la cual por lo general le lleva a cambiar su forma de vida e incluso a evitar exponerse a situaciones habituales en la que considera que podría volver a experimentarlas.

  En el trastorno por ansiedad generalizada aparecen síntomas como inquietud, fatiga, irritabilidad, tensión, problemas de sueño e incapacidad para relajarse derivados de la existencia de ansiedad ante preocupaciones sobre múltiples aspectos de la vida o incluso ante una preocupación inespecífica y general continuada.

  Además de estos, otros trastornos como el conjunto de las fobias también se vinculan con la ansiedad, así como otras alteraciones como los trastornos obsesivos.

  Asimismo en la depresión, el trastorno bipolar o los trastornos por estrés agudo o estrés postraumático también es habitual. De hecho la ansiedad suele ser habitual en múltiples problemas de tipo psiquiátrico y psicológico.
Cómo ayudar en caso de una crisis de ansiedad

  Tal y como se puede imaginar a partir de su descripción, la crisis de ansiedad o de angustia es un fenómeno muy incapacitante y que tiende a hacer que el foco de atención de quien la sufre se centre en los propios síntomas. Asimismo, es fácil que los síntomas se confundan con los propios de un problema cardíaco, algo que hace que se viva con gran temor.

  Ayudar a una persona en esta situación no es fácil cuando ya estamos inmersos en ella, aunque es posible. ¿Cómo hacerlo?

  La manera de ayudar pasaría por intentar reducir la focalización en el malestar o reducir algunos de los síntomas fisiológicos más controlables, como la respiración. Asimismo, hay que recordar que las crisis de ansiedad suelen tener una duración relativamente corta, de unos pocos minutos de duración, de manera que terminan por desaparecer por sí solas.

  A continuación veremos algunas pequeñas indicaciones a tener en cuenta si nos encontramos con alguien en plena crisis de ansiedad. Eso sí, es importante tener en cuenta que antes que nada debe descartarse que se trate de un verdadero ataque cardíaco.

1. No le digas que se calme

  Es relativamente frecuente que cuando una persona entra en una crisis de angustia o una crisis de ansiedad, los demás no sepan cómo reaccionar. En este sentido es habitual que le intenten indicar que se calme.

  Este tipo de indicaciones son totalmente contraproducentes: si la persona pudiera calmarse solo con quererlo lo haría de inmediato y no estaría pasando por la crisis. De este modo, animar a una persona con ansiedad a intentar bloquear ese sentimiento la lleva a frustrarse aún más por no poder eliminar inmediatamente esa clase de contenidos mentales.

  Además puede añadirle la carga o tensión que puede sentir el sentirse recriminado por no ser capaz de salir de la situación. Probablemente la reacción no sea positiva, dado que potencia el nerviosismo y la sensación de agobio y ahogo.
2. Déjale espacio, pero ofrece tu ayuda

  La persona que está sufriendo una crisis de ansiedad generalmente se sentirá más seguro si siente que hay alguien cerca que puede ayudarle y atenderle en ese momento.

  Sin embargo, es necesario que disponga de cierto espacio, en el sentido de que no es conveniente que se reúna una gran cantidad de gente a su alrededor ya que facilita el ponerse aún más nervioso (algo que puede pasar, por ejemplo, si nos da en la calle).

3. Ayúdale a centrarse en un estímulo fijo diferente a sus sensaciones de ahogo o sufrimiento

  Quien sufre una crisis de ansiedad está experimentando una serie de síntomas muy intensos en los que por lo general centra la atención.

  Una manera de ayudarles sería intentar hacer que se focalicen en algún tipo de estímulo diferente. En este sentido puede ser de ayuda el intentar que mantengan el contacto ocular contigo, y ayudarles en focalizar la atención en aspectos como tu propia respiración con el fin de imitarla.

  También se les puede intentar distraer de otras maneras, como por ejemplo hablándoles para que se concentren en lo que les estamos diciendo en vez de en los síntomas, si bien esto puede no funcionar.

4. Intenta ayudarle a realizar respiraciones más profundas

  Una de las estrategias que puede ser de utilidad para ayudar a una persona en plena crisis de ansiedad es la de ayudarla a controlar su respiración, dado que en dichas crisis uno de los principales síntomas es la existencia de hiperventilación.

  En este sentido puede ser de utilidad intentar hacer que la otra persona preste atención a tu persona e intentar hacerle una respiración profunda, tanto en inhalación como en exhalación. Si se dispone de ella, también puede ayudar el uso de una bolsa de papel de tal manera que pueda concentrarse en llenarla y vaciarla.

5. No te dejes llevar por el pánico

  Vivir una crisis de ansiedad no es precisamente agradable y genera gran cantidad de sufrimiento, hasta el punto de que la persona puede llegar a sentir estar muriéndose o perdiendo la razón. En esa circunstancia tener al lado a alguien que reacciona con pánico y nerviosismo y sin saber qué hacer ante lo que sucede puede aumentar la propia ansiedad.

   Es por ello que es necesario intentar conservar la calma y actuar con decisión, de manera que la manera de actuar del otro sea un estímulo tranquilizador para quien tiene el ataque.
6. Habla claro y con voz calmada

  A pesar de que la persona en plena crisis de ansiedad puede reaccionar con cierta hostilidad, lo cierto es que el hecho de que les hablen con voz firme y serena y manera clara puede ayudar a rebajar el nivel de activación, especialmente si está procesando y entiendo lo que le decimos.

7. Recuérdale que la ansiedad termina pasando

  Este punto solo es aplicable si la persona ya ha tenido antes otras crisis de ansiedad. Se trata de intentar recordarles que a pesar de que las sensaciones son muy intensas y aversivas, estas crisis no son peligrosas para su vida y que poco a poco sus síntomas van a ir desapareciendo.

  Eso sí, siempre hay que valorar que sea en verdad una crisis de ansiedad, puesto que podríamos estar ante otro tipo de problema.
Cómo ayudar a personas con ansiedad (se llegue o no a padecer un trastorno)

  Apoyar a alguien que está sintiendo cierto nivel de ansiedad requiere de una aproximación adecuada a su situación. En primer lugar hay que valorar si existe un porqué de dicha reacción emocional, para poder ir actuando poco a poco para rebajar su nivel de tensión. En este sentido podemos realizar algunas recomendaciones.

1. Anímale a comunicar sus sensaciones

  Muy a menudo sensaciones y emociones consideradas como negativas, como la tristeza o la ansiedad, tienden a ser ocultadas o poco expresadas. Una buena vía para reducir el nivel de tensión de quien está ansioso es permitir que esta emoción se exprese de alguna manera. En este sentido puede ser de utilidad hablar con él o ella respecto a su situación.

2. Actividades expresivas y liberadoras de energía

  Probablemente cuando hemos estado ansiosos una de las maneras de reducir este malestar ha sido la de hacer algo que nos permita desfogarnos. Ello también puede servir para que otros lo hagan.

  Entre las diferentes actividades a realizar destacan aquellos que permitan descargar de verdad nuestros instintos, como por ejemplo la realización de ejercicios, la práctica del boxeo, cantar, gritar o bailar. También puede ser de utilidad escribir o pintar, a poder ser evitando una racionalización excesiva sino dejando que las cosas surjan y fluyan de manera natural.

3. Ayúdale a valorar sus preocupaciones

  Son muchos los aspectos de nuestra vida que nos pueden llegar a generar ansiedad. Sin embargo, en ocasiones la focalización en estos aspectos puede llegar a ser extremadamente desadaptativa y impedirnos un funcionamiento normativo. Puede ser de utilidad contribuir a hacerle valorar sus preocupaciones, así como la manera en que se relaciona con ellas y cómo le afectan.

  Es importante no hacer esto desde la crítica ni disminuyendo la importancia de sus pensamientos (puesto que al fin y al cabo si generan ansiedad es porque le importan), sino de manera reflexiva y proponiendo si realmente la preocupación o evitación de situaciones resulta una ventaja o una desventaja en su día a día.

4. Propón interpretaciones alternativas

  Otro aspecto que puede ser de utilidad y que de hecho es utilizado en terapia es la de proponer buscar interpretaciones alternativas a nuestros pensamientos y preocupaciones, así como a posibles pensamientos perturbadores que nos resulten disfuncionales o especialmente limitadores.

5. Usad técnicas de relajación

  Una de las técnicas más habituales en lo que respecta a la ansiedad son las de relajación, dentro de las cuales destacan las de respiración y las de relajación muscular.

  Este tipo de técnicas nos permiten focalizar la atención en determinadas sensaciones, o bien acostumbrarnos a pasar de estados de tensión a otros de relajación, de tal manera que se disminuye y se previene la posibilidad de sufrir una crisis a la par que se consigue rebajar la actividad nerviosa y tranquilizar al cuerpo y la mente.

  En este sentido es posible indicar la posibilidad de realizar alguna variante de este tipo de técnicas, incluso en grupo.

6. Mindfulness: Atención plena

  Aunque el mindfulness parece la enésima moda en lo que a prácticas de meditación de origen oriental se refiere, lo cierto es que se ha demostrado que esta técnica tiene efectos muy beneficiosos en el tratamiento de la ansiedad.

  A menudo mal denominada técnica de relajación, lo que se pretende con este tipo de metodología es centrarse en el aquí y el ahora, así como observar nuestros pensamientos y sensaciones y permitir que fluyan sin juzgarlos. Es muy útil para ayudar a una persona con ansiedad, y no se requiere de mucho tiempo para aprender sus fundamentos.

7. Recomienda ayuda profesional

  En el caso de que estemos ante un trastorno de ansiedad, estas recomendaciones pueden quedarse algo cortas y suele ser recomendable acudir a ayuda profesional. En este sentido puede ser buena idea intentar ayudar a buscar un psicólogo o recomendar hacerlo, dado que muchas personas pueden no atreverse a dar el paso.

  A lo largo de los procesos de psicoterapia, se trabajan las habilidades psico-emocionales y la generación de hábitos necesarios para regular mejor los procesos de ansiedad. Por ejemplo, se entrena al paciente en técnicas de relajación, se le ayuda a habituarse a determinadas situaciones estresantes, se le ayuda a adoptar una mentalidad constructiva y que no alimente el miedo, etc. De este modo, en cuestión de pocos meses se logran importantes cambios a mejor.

Fuente:psicologiaymente.com

Sé un buen ejemplo


  Omar de cinco años había dibujado toda la pared en su casa, el abstracto dibujo era un regalo para su padre que llevaba varios días de viaje por trabajo.

  Al regresar el padre, encontró a Omar rayando la pared.

  Al observar esto, su padre decidió no regañarlo, al contrario, decidió explicarle desde el amor que amaba sus dibujos y le dijo que le regalaría un cuaderno especial en donde él podría dibujar todo lo que quisiera.

  Le dijo que le dejaría ese regalo como un recuerdo y que cada vez que el tuviera que salir,  le podría hacer un dibujo y mandárselo o esperar a que regresara y dárselo para enmarcarlo y ponerlo en su oficina.

  Le dijo que estaba orgulloso de su talento y de su destreza pero que la próxima vez lo hiciera en el cuaderno y no en la pared porque iba a ser difícil que lo llevara consigo y habría que limpiarlo después.

  Agradeció mucho el regalo y ambos se abrazaron.

  Eres tú  quien decide cómo quieres que te recuerden tus hijos. 

  ¿Qué quieres lograr? ¿Miedo o respeto?

 decide construir,  decide enseñar desde el amor.

  Las paredes siempre se pueden volver a pintar.

Fuente: Aprender para aprender


 

Síndrome de Burnout o Síndrome de la madre agotada


 Cuando una madre está colapsada y siente que se fundió. Cuando ya no tiene energía alguna y siente que está superada por la maternidad, hay que acogerla, contenerla y si se puede, ayudarla.

Este colapso físico y emocional que sí existe y no es un invento o una exageración, tiene nombre:
Se llama Síndrome de burnout (en inglés es “quemado”).  Se ocupa para los profesionales y también para las madres.
Entre sus síntomas están la falta de energía, dificultad para dormir o exceso de sueño, variación en el apetito. Cambios de humor.
Los síntomas se parecen mucho a los de la depresión.
Lo más importante es buscar ayuda y una buena red de apoyo.
La maternidad puede llegar a ser para algunas mujeres extenuante.
Es demasiada la demanda.
No hay descanso para una mamá y por eso es que nos agotamos.
Porque no somos un robot y las pilas se nos funden. Somos madres, profesionales, trabajadoras, amantes, amigas, hijas. La presión sobre nosotras es mucha sobre todo hoy en día la presión sobre las madres es inmensa. Y siempre tratamos de no fallarle a nadie.
La semana pasada me encontré con una amiga que no veía hacía tiempo.
Me contó que venía saliendo del psicólogo porque está colapsada.
Su hija de tres años despierta a cada rato por las noches y la situación la tiene desesperada.
Su cara estaba demacrada. Ojeroza.
Daba pena.
Mi amiga estaba superada por la realidad de tener dos pequeñas, más un marido. Más un trabajo.
Es duro.
Funcionamos en piloto automático y le damos para adelante porque no tenemos opción.
No podemos renunciar.
El estrés en las madres es normal.
Estar agotada es normal.
Querer dormir una semana entera es normal.
Y es que la falta de sueño pasa la cuenta física y emocionalmente hablando.
No hay nadie que resista durmiendo a sobresaltos y cinco horas diarias. Con suerte.
Es terrible.
Nos sentimos cansadas. Irritables. Sentimentales.
Nos enojamos con facilidad.
Lloramos con facilidad.
No hay madre en el mundo que no haya pasado por esto.
Por el síndrome de la madre agotada.
Ser madre es un trabajo 24/7 sin parar.
Y agota física y emocionalmente. Pero son nuestros propios hijos los que nos dan la energía para seguir funcionando porque al final del día, todo lo que hacemos lo hacemos por ellos. Y también por nosotras, no nos olvidemos de nosotras.

Constanza Díaz

Por qué el coeficiente intelectual (IQ) está decayendo desde 1975


¿Somos ahora menos inteligentes que hace unas décadas?

  Diversos estudios realizados en Dinamarca, Reino Unido, Francia, Holanda o Finlandia encontraron en los últimos años que los puntajes de coeficiente de inteligencia (IQ, por sus siglas en inglés) en las poblaciones analizadas habían disminuido considerablemente en comparación con generaciones anteriores.
  Un reciente estudio realizado por el Centro de Investigación Económica Ragnar Frisch en Noruega no encontró resultados muy diferentes.

  De acuerdo con la investigación, publicada esta semana en Proceedings of the National Academy of Sciences, la revista de la Academia de Ciencias de Estados Unidos, la media de los noruegos nacidos después de 1975 experimentan una disminución en su IQ con respecto a los nacidos antes de esa fecha.

  Si bien a lo largo del siglo XX se había registrado un crecimiento exponencial en los resultados de las pruebas de este tipo en gran parte del mundo (un fenómeno conocido como "Efecto Flynn"), algo pasó en las últimas cuatro décadas, según los investigadores noruegos, para que las cifras comenzaran a ir en picada.

  La pesquisa sugiere que son factores ambientales y no genéticos los que están detrás de esto y que pueden ir desde los cambios en el sistema educativo, en la nutrición hasta el hecho de que ahora leemos menos o a que pasamos más tiempo en línea.

  "Uno de los principales resultados del estudio es precisamente ese, que sugiere que la variación no está relacionada con el componente familiar como habían considerado investigaciones anteriores", explica a BBC Mundo la neuropsicóloga Katherine Possin, profesora del Centro de Memoria y Envejecimiento de la Universidad de California en San Francisco.

  Pero ¿significa esto realmente que los nuevos tiempos y las tecnologías han limitado las capacidades de nuestra mente?

Las limitaciones

  De acuerdo con Possin, lo primero que debemos tener en cuenta para entender las implicaciones de esta investigación es cómo sus autores midieron la inteligencia y qué tipo de inteligencia estaban estudiando.

  "Vemos que se basaron en los test de IQ, que incluyen pruebas de aritmética, vocabulario y razonamiento visual. Y en los resultados, hallaron que hubo un decrecimiento en estas capacidades, lo que podría indicar que la inteligencia está declinando", explica la experta.

  Sin embargo, considera, detrás de esto puede haber otros motivos.

  "En mi criterio, lo que sucede es que en los últimos tiempos ha cambiado la forma en la que la gente aprende y trabaja", señala.

  "Vivimos en sociedades donde ya la inteligencia no está basada en la memorización o en los aspectos matemáticos o de vocabulario que miden los test tradicionales, sino más bien que se vincula más con los recursos que se pueden encontrar de manera creciente en el mundo digital", añade.

  Al decir de Possin, esto no significa necesariamente que la inteligencia esté declinando, sino que muestra que la forma en la que aprendemos y razonamos cambió en los últimos años.

  "Lo que sucede es que las herramientas con las que medimos la inteligencia no se ha adaptado para medir esos cambios", opina.

  Entonces, ¿los test de IQ tradicionales ya no son efectivos?

La caída de los test de IQ

  De acuerdo con la especialista, los test de coeficiente intelectual fueron creados como una forma práctica y rápida de medir habilidades cognitivas de una persona.

  No obstante, comenta, una de sus principales limitaciones siempre fue cómo el resultado puede estar influido por el propio contenido del test.

  "Una misma persona puede obtener resultados muy diferentes en dependencia del tipo de pruebas que realice. Y esto da cuenta también de cómo ha cambiado lo que hoy entendemos como inteligencia, que ya no se limita a ese razonamiento matemático o visual o de vocabulario que teníamos hace unos años", sostiene

  Otro factor a tener en cuenta, según la experta, es que también ha cambiado la forma en la que entendemos la inteligencia.

  "Las nuevas herramientas del mundo digital nos están ayudando a pensar de una manera diferente y entonces creo que los test de inteligencia necesitan también evolucionar a las nuevas formas en la que pensamos y trabajamos", sostiene.

  "Hoy necesitamos nuevas herramientas para entender la nueva forma en la que se manifiesta el coeficiente intelectual, necesitamos nuevos test que incluyan los diferentes tipos de inteligencia. Solo así podremos ver realmente cómo han cambiado a través del tiempo", sostiene.

¿Qué pasa en otros países?

  Los estudios realizados hasta ahora sobre la caída del coeficiente intelectual se han realizado en sociedad con alto nivel de desarrollo, principalmente europeas.

  Pero ¿son estos test aplicables a todos los contextos?, ¿qué pasa en el resto del mundo donde el acceso a las nuevas tecnologías es más limitado? ¿Son extensibles estos resultados a ellos?

  "Lo que está pasando en este sentido en países en vías de desarrollo es una pregunta que no se puede responder, porque no tenemos estudios suficientes que den cuenta de esta situación", señala la profesora de la Universidad de California.

  Necesitamos investigaciones más diversas que den cuenta de lo que sucede allí y también incluyan a mujeres dentro de la muestra", añade.

  La experta considera que solo así se podrá continuar avanzando a la gran pregunta que se hacen los psicólogos desde hace más de cien años y que todavía está por definir.

¿Qué es, en realidad, la inteligencia?

  "Yo diría que es una práctica multifactorial que representa tu habilidad mental para sobrevivir en la sociedad. De ahí que sea realmente muy complicado medirla con un test de IQ", concluye.

Fuente: BBC.com 

Depresión Covid: por qué es inédita y cómo el coronavirus nos afectará a largo plazo


  El prestigioso psicoanalista Juan David Nasio analiza los efectos emocionales de la pandemia: "El deprimido Covid 19 no cree más en nada".

  “Depresión Covid 19” es una alegoría a la alegría. Una tapa en amarillo, con letras azules, coloradas y la palabra fatídica en negro. Color y esperanza en los días más oscuros de la epidemia que controla al planeta. El doctor Juan David Nasio está publicando su libro número 25 en plena pandemia y así lo ha bautizado. Y suma un interrogante: "¿Todo el mundo puede caer en la depresión?".

Este psiquiatra y psicoanalista franco argentino, que llegó a Francia en 1969 para estudiar con Jacques Lacan, hoy es un maestro, con sus libros traducidos a 14 idiomas. Profesor durante 30 años en la Universidad de París VII y con un seminario en la Ecole Freudiane de París, luego fundó los Seminarios Psicoanalíticos de París. En 1999 el gobierno francés lo condecoró con la Legión de Honor, bajo el rango de Caballero y es doctor Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires, de la de Rosario y del Siglo 21 en Córdoba.

En su consultorio frente al Sena y en plena epidemia, el doctor Nasio descubrió como sus pacientes están cada vez más angustiados y deprimidos, en medio de la crisis sanitaria y al compás de las medidas restrictivas. En ese contexto, decidió bautizar el nuevo fenómeno como “depresión Covid” y comenzó a escribir. Sus conclusiones las discutió en una larga charla con Clarín, en su estudio en París.

--¿Cuáles han sido los efectos en la salud mental del Covid 19?

--Más que los efectos en la salud mental del Covid 19, son los efectos de la crisis sanitaria producida por el Covid 19. Me ha pasado un fenómeno curioso. Recibo los pacientes y veo que todos los que se han deprimido en estos últimos meses, es por la misma razón: una fuerte acumulación de angustia. Y eso me hizo bautizar a esta muy particular depresión con el nombre de "depresión Covid 19". Esta depresión es una variante inédita de la depresión clásica.

--¿Cuáles son las características de esta depresión epidémica? ¿Cómo se la diferencia de la depresión clásica?

--La depresión clásica es una enfermedad que se caracteriza por un empobrecimiento de las emociones. Las emociones están todas como dormidas. Se caracteriza por una tristeza tenaz y por un repliegue en sí mismo crítico, denigrante. El deprimido está todo el tiempo pensando en él y se deprime. Y se critica, se denigra. Se caracteriza también porque la persona está cansada, todo el tiempo cansada. Duerme mucho, se levanta y está cansada. Físicamente cansada y moralmente apagada, no tiene ganas de nada. Esto es lo que caracteriza a la depresión clásica. La tristeza en la depresión Covid 19 es una tristeza con angustia, es una tristeza ansiosa, es una tristeza atormentada y además es una tristeza irritable, está enojado

--¿Por qué está enojado?

--El deprimido Covid 19 es un deprimido enojado, porque siente que lo maltratan, lo frustran, lo privan. Ya no puede más con la angustia, provocada por las frustraciones y las privaciones, debido a todas las medidas que se están tomando para frenar este virus. Y está enojado con el mundo y sobre todo, está enojado con el gobierno, porque lo siente incompetente. Y ahora, con las vacunas, porque repiten lo que ya pasó con las máscaras. En realidad ahora con las vacunas estamos atrasados en Francia porque no hay vacunas y porque no hay congeladores para las vacunas. Entonces el deprimido Covid 19 está crítico, recrimina. Es recriminador. También está contra los médicos, que están en la TV todo el tiempo y tienen posiciones un poco hipócritas y falsas. El deprimido Covid 19 no cree más en nada.

--¿Es como un "chaleco amarillo" psiquiátrico?

--Exactamente. Siente que está como amenazado y triste porque ya no puede más. Por eso digo que en la depresión Covid 19, la tristeza es una tristeza ansiosa, es una tristeza atormentada y una tristeza irritable.

--Usted dice: "La angustia se vuelve corrosiva y ante la angustia de la crisis sanitaria, esa persona se vuelve 'vengativa'. Después se agota físicamente y moralmente cae en la depresión". ¿Cómo son esos pasos?

--Esto es muy importante. El fenómeno que se produce es primero la crisis sanitaria, la realidad. Hay una realidad que existe. Esa realidad, para aquellas personas muy sensibles, se produce a través de una angustia, que se acumula, se amplifica. Y va a llegar a que la angustia es tal, que llega como un paroxismo de angustia y allí se transforma en exasperación. Segundo, la persona ya tiene como ataques de cólera, está enojada con el mundo. De pronto, en una tercera etapa, se cansa, se agota. Está desencantada, ha perdido toda ilusión, ha perdido toda esperanza. Y después de eso, depresión. Entonces, crisis sanitaria, frustraciones y privaciones de la crisis sanitaria, angustia, exasperación, lasitud y luego, tristeza depresiva.

--¿Cuáles son las cuatro angustias del Covid?

--La angustia Covid 19 tiene cuatro motivos. Primero es la angustia, el miedo a la enfermedad, a estar enfermo y sobre todo, morir solo en el hospital. Porque esto no es simplemente estar enfermo. Es también que mueren sin que la familia pueda acercarse. Entonces el angustiado tiene miedo de morir solo o a veces de contaminar él a alguien de la familia o a algún amigo.

--¿Y después?

--La segunda angustia del Covid 19 es el problema del confinamiento, del aislamiento. Es la angustia de estar aislado. Nosotros estamos hoy confinados. Ha habido confinamiento, luego desconfinamiento, luego el reconfinamiento. Estamos en una situación donde entre el confinamiento de la primera vez y el reconfinamiento, este reconfinamiento es totalmente diferente. El primer confinamiento salíamos a las 8 de la noche a aplaudir a la gente. Era un confinamiento tranquilo, resignado. Este reconfinamiento nuevo es profundamente revoltoso. Estamos rebelados contra este confinamiento. Estamos mal, estamos perdidos. Porque es un reconfinamiento que muestra que la ilusión que teníamos de que esta epidemia se iba a terminar, descubrimos que esta epidemia continúa.

--¿Y qué efectos va a tener eso mentalmente a largo plazo?

--Yo pienso que el ser humano es maravilloso, porque sabemos adaptarnos. La diferencia entre el ser humano y todas las otras especies animales, es que nosotros hemos sobrevivido, porque nos adaptamos. Esta es una vieja idea de Darwin. Las consecuencias que va a haber es que nos vamos a readaptar. Pero por el momento es una lucha entre la adaptación que tenemos que hacer y el dolor de tener que hacer el esfuerzo para adaptarnos. Entonces el aislamiento, la angustia de estar aislado. Está al revés, que estando confinado, está la angustia de estar con el otro muy cerca. Tengo pacientes que me llaman y me dicen: "No aguanto más a mi compañero, está encima mío todo el tiempo". O “Quiere hacer el amor todo el tiempo “o “Quiere ir a la cocina”, "Yo no estoy acostumbrada a vivir con él tanto tiempo".

--Es decir, no hay distancia, no hay privacidad.

--No hay intimidad. Entonces o el otro nos falta o el otro nos pesa. Ese es el segundo tipo de angustia. El tercer tipo de angustia del Covid 19 es la angustia de la incertidumbre económica. Es decir: no sabemos qué va a pasar, cómo va a evolucionar el trabajo, la empresa. Cómo va a evolucionar inclusive el país en el plano económico. Entonces hay miedo a que el trabajo falte o que me saquen el trabajo.

-¿Y la cuarta angustia?

--Para mí es la más profunda: es la angustia de que falta un futuro. No hay línea de horizonte, no hay horizonte definido. Vivimos en un momento en que no podemos proyectar nada. No sabemos lo que va a pasar dentro de cinco semanas. No sabemos si va a haber vacaciones o no en febrero. No podemos proyectar. Hay empresas que tienen proyectos de desarrollo, de fusión con otras empresas. Hay proyectos muy importantes a nivel urbano, a nivel de país. Hay una dificultad de poder proyectarse en el futuro porque no hay futuro, no hay línea de futuro. Entonces esas son las cuatro angustias mayores.

--Estas restricciones a los desplazamientos, ¿cómo se viven? ¿Son consideradas como un ataque a la libertad?

--Es verdad, hay mucha gente entre nosotros que no soportan las medidas restrictivas. Ahí no hay angustia, hay indignación. Se sienten indignados, enojados, rebeldes contra toda medida que sea un atentado a la libertad. Se sienten que son tratados de manera infantil y que son privados de la libertad natural del ser humano, que además está en todas las constituciones. Esas medidas restrictivas han sido vividas y son vividas por muchos de nosotros como un atentado a la intimidad y a las decisiones que uno puede tomar.

--¿Es que hay otra opción?

--Probablemente no haya otra opción porque va a haber que adaptarse, aunque sea doloroso. Yo mismo me tengo que adaptar a poner el barbijo para recibir a mis pacientes y tengo que estar a una cierta distancia. Yo me considero un psicoanalista muy cercano de mis pacientes. Hasta he escrito que me siento muy cerca. Ahora me tengo que poner lejos. Porque hay que respetar las barreras.

--Y esta tristeza que genera el Covid ¿va a ser incorporada o temporal?

--Es una tristeza ansiosa e irritable, atormentada. Pero es una tristeza que no dura todo el tiempo. Dura mientras dura la crisis sanitaria. Esa es la diferencia con la depresión clásica. La depresión clásica es una depresión en la que la tristeza dura, es permanente. A veces puede durar tres semanas, un mes sin que se mueva, a pesar de los medicamentos antidepresivos. Pienso que cuando la crisis sanitaria se termine -y esperemos estar en el umbral del final de esta epidemia con las vacunas, ahí vamos a volver a un estado normal.

--¿Qué actitud hay que adoptar frente a un deprimido del Covid, cómo acompañarlo?

--Tengo muchos pacientes que no están deprimidos ellos, pero que está la mujer deprimida, el hermano. Y me preguntan: "Doctor, cómo hacer? No quiere consultar y no sé cómo ayudarlo". Yo le propongo cinco cosas. Primero le pido por favor: "Cuando usted vaya a estar con su hermano y hable con él y lo escuche, esté usted bien, no tenga angustia, trate de estar en un estado tranquilo, vaya tranquila”. Porque la tranquilidad en usted se la va a transmitir a él. Él necesita poder hablar, quejarse y lamentarse a alguien que está bien. Muéstrese bien y esté bien sobre todo". La serenidad se transmite. Yo pienso que una persona que va a escuchar a un familiar deprimido tiene que estar relativamente bien, no hay que estar angustiado.

--¿Y luego?

--Cuando le hable, recuerde que las palabras no son lo importante. Lo que es importante es la manera de decirlas. Que él sienta que usted las dice con convicción, que las dice con todo el cuerpo, que hable con una voz en la que la voz lleva toda la presencia. Otro consejo que yo doy consiste en tratar de ir a la historia de él. El deprimido es un ser que está ahogado en el presente. No puede pensar en el futuro y no puede pensar ni siquiera en el pasado. Vive en un presente difícil, horrible, pesado. Entonces sáquelo del presente. Sáquelo de esa relación que él tiene con una amenaza permanente y llévelo en la medida de lo posible, con inteligencia, con tacto y con respeto. Llévelo a que él pueda hablar de algunos momentos significativos, importantes de su historia. A veces, como yo hago con muchos de mis pacientes deprimidos, les pido que traigan una foto de familia o varias fotos, para que me hablen de las fotos, me expliquen las fotos. Y usted no tiene una idea del efecto extraordinario que tiene. Llevo al paciente a que salga de ese presente amenazador y pueda tener un momento de reposo con el pasado.

--¿Se debe recordar su pasado para que de alguna manera él pueda construir un futuro?

--Así es. Exactamente. Se necesita volver al pasado para que él se de cuenta que, desde el pasado, hasta hoy se ha construido una vida y que hay un futuro que lo espera. Pero de todas las recomendaciones que doy, hay una para mí que es la más importante: es la de saber cuando usted va a escuchar a alguien que lo más importante es usted, cómo usted abre sus emociones. Eso es lo que lo ayuda fundamentalmente. No lo que hace ni lo que dice sino lo que es y lo que siente.

--Va a haber que ser muy poco dogmático para tratar a los deprimidos del Covid: ni lacanianos ni freudianos. ¿Cómo es la técnica?

--Hay que ser uno mismo. No hay que hacer una teoría ni un dogma, con todo lo que aprendió, con toda la experiencia, con todos los libros que hemos leído. O si es una persona que no es profesional, con toda la experiencia que aprendió en el análisis o en la terapia que está haciendo. Ser uno mismo en lo más profundo de uno mismo y sentir que el ser ese mismo es lo que permite que el otro comparta conmigo lo que vive y poder justamente, pacificarlo.

--¿Cómo afecta la depresión Covid a los niños y adolescentes?

--Es como si tuvieran más confianza y menos miedo que nosotros, los adultos. Vienen con eñ barbijo a veces y les tengo que pedir que se lo saquen porque yo necesito mirar la cara. Pero el niño está tranquilo, y también los adolescentes. Los adolescentes es como si dijeran: "Bueno, nosotros tenemos otros problemas que resolver: el problema escolar, el problema con un amigo o el problema de la novia o el problema de tal concurso. Pero lo de la epidemia, yo me doy cuenta escuchando a mis padres y a los adultos que me rodean, que efectivamente estamos viviendo un momento muy difícil".

--Otro punto son las vacunas. Para mucha gente, una esperanza y para otra gente una negación. En Francia solamente el 56% quiere aplicarse la vacuna. ¿Por qué?

​​Antes de que las vacunas lleguen, la mayoría de la gente no se iba a vacunar. Una vez que llegaron las vacunas, la gente aceptó vacunarse mucho más. Estoy seguro que si hoy hacemos una estadística, el número de gente que quiere vacunarse pasa al 80%, sobre todo más influenciada por los otros países donde las vacunas se aplican. Pero hay un fenómeno curioso, que una vez que decidimos: "Nos vamos a vacunar", descubrimos que no hay vacunas en el país. Y sobre todo que no hay los congeladores fundamentales para ciertos tipos de vacuna, como la de Pfizer. Las vacunas no han llegado, no hay vacunas. Estamos viviendo lo mismo que vivimos con las máscaras. Cuando decían "no usen las máscaras", pero en realidad no había máscaras. Hoy dicen que la gente no se quiere vacunar, pero lo que pasa es que no hay vacunas.


--Han hablado los infectólogos, los virólogos, ¿ha llegado la hora que hablen los psiquiatras y de los psicoanalistas?

--Pienso que nosotros los psicólogos, los psiquiatras, los psicoanalistas, tenemos un rol muy importante en este momento de la crisis sanitaria. Progresivamente vamos a tener un rol cada vez más indispensable, más imprescindible. Porque el ser humano está viviendo catástrofes cada vez más difíciles de soportar. Estamos viviendo algo absolutamente inédito en la historia de la humanidad. Ni siquiera las antiguas pestes de la edad media ni las del siglo XVIII o XIX son comparadas a lo que estamos viviendo. Hoy en día la pandemia la está viviendo todo el planeta.

--¿Y usted a qué lo atribuye?

--Hay dos respuestas. Una respuesta hipotética y una segunda respuesta un poco mística. La respuesta hipotética es que esta pandemia es como una "respuesta" a la mundialización. Es como si Dios nos dijera : "Ah, ustedes quieren viajar por todas partes del mundo y quieren dominar todo el planeta". Y bueno, todo el planeta se va a enfermar. Pienso que en esta alegoría que digo de Dios. Hay algo de verdad, que es que estamos aprendiendo extraordinariamente viviendo una gran humildad. Para mí es fundamental la humildad que tenemos que tener ahora, de sentirnos humanos, más chicos que la naturaleza. La naturaleza es poderosa. Nos vamos a defender, pero evidentemente esta es una naturaleza que se impone.

--Este cambio estructural habla de una nueva sociedad, con otros valores y con otras formas de consumo...

--Me parece una evidencia que después de una catástrofe así, van a aparecer nuevas pautas de vida social. Ya están apareciendo ahora: la importancia de lo numérico, nuevas pautas en la manera de relacionarse, de otro modo que lo habitual. Mi pronóstico es que vamos a volver a los mismos hábitos sociales. Van a haber cambios en la comunicación. Pero lo importante que yo quisiera decir es que hoy, con la crisis sanitaria, el mensaje es "No nos acerquemos". El mensaje es que, luego de esta epidemia, no tengamos más miedo de acercarnos. Necesitamos acercarnos, necesitamos el amor. Parece como si esta epidemia nos obligara a decir "Sepárense, no se quieran, no se toquen, no se vean". Es horrible. Es totalmente opuesto de las pulsiones de amor, que están en cada uno de nosotros. La pulsión del ser humano es una pulsión gregaria. Necesitamos a los otros.

--¿Cuáles son las enseñanzas de la pandemia?

--Para mí lo esencial son cuatro cosas vitales, que van a seguir después. Uno, lo vital, es el cuerpo. Un cuerpo sano que no nos impida vivir. Segundo, el amor. Es la presencia afectuosa del otro y mi presencia afectuosa para él. Lo vital es amar, ser amados y sentirnos amados. Y la tercera cosa vital que vamos a seguir teniendo luego es actuar, hacer. Lo fundamental es la acción: es estar en acción, es cumplir con una tarea. A mí me asignan una tarea, a usted le asignan una tarea. Lo importante es que yo sienta que hago lo que tengo que hacer. Aunque sufra, aunque esté cansado, pero por lo menos sé que estoy ahí, actuando. Y el cuarto, probablemente el más importante de todos y que tiene que ver con el futuro que yo decía, es sentirse esperado. Me están esperando, alguien me está esperando. Yo vivo y me siento yo, porque cada uno de nosotros y cada uno de los que están leyendo esta entrevista, sabe que para él lo fundamental es sentirse esperado.

París. Corresponsal

Entrevistadora: Maria Laura Avigniolo



Si te hace falta

  Dedicada a todos los niños y adultos que padecen algún tipo de discapacidad física, neurológica o atraviesan una enfermedad.

  Una madre le regala lo que le falta a su hija/o, por ese amor infinito. Ese lazo que jamás se acabará. Madre dolida, madre sufrida, madre que lucha, medre que ama, madre que enfrenta todos los obstáculos por la felicidad de su hija/o. Para todas las madres que viven lo que les tocó y tienen que armarse de armadura y luchar junto a su ser amado. 


                                                            SI TE HACE FALTA 

Te regalo mis ojos para cuando quieras ver y atesorar

Aquellos momentos que jamás quisieras olvidar.

Te regalo mis labios para cuando quieras pronunciar

Esas palabras mágicas que quisieras decir a alguien especial.

Te regalo mis manos para cuando quieras tocar

Cada pedazo de sueño y lo puedas atesorar



Porque mi amor no tiene fin,

Hoy te regalo todo lo que soy

Y cada parte de mi cuerpo y alma

Que necesites te la doy



Porque nuestro amor es eterno

Y eterno eres tú en mi

No te olvides nunca de mi amor por ti



Te regalo mis piernas,

Para cuando quieras echar a correr

Y alcanzar esos cometas casi imposibles de ver

Y para cuando te canses y tan sólo quieras caminar

Te regalo mis pasos y así puedas pisar

Sobre colchones de nubes que te hagan sonreír

Y si vienen tormentas de esas que te hacen temblar

Solo deja que te abrace y tus miedos se irán



Porque mi amor no tiene fin,

Hoy te regalo todo lo que soy

Y cada parte de mi cuerpo y alma

Que necesites te la doy



Porque nuestro amor es eterno

Y eterno eres tú en mi

No te olvides nunca de mi amor por ti 


Autora: Rhiner Vanesa

Plasticidad adaptativa: cómo el estrés crónico puede "remodelar" el cerebro




   El concepto de estrés impregna nuestra cultura en múltiples niveles. En el lenguaje normal, indica un estado exigente, a veces abrumador, acompañado de emociones negativas. Para muchos científicos, la palabra estrés está asociada con la caracterización de una respuesta de “lucha o huida” a una amenaza, es decir, una respuesta aguda y adaptativa a un estímulo ambiental. Pero durante los últimos 50 años, la ciencia en general y la neurociencia en particular han expandido estas ideas en muchas dimensiones.

  Se conciben las respuestas a la biología del estrés no en términos de generar un estado negativo, sino como un conjunto de mecanismos adaptativos típicamente positivos que mejoran la supervivencia. Igual de importante, se ha llegado a comprender que la biología del estrés no es simplemente un “sistema de emergencia”, sino un proceso continuo: el cuerpo y el cerebro se adaptan a nuestras experiencias diarias, se las llame estresantes o no. Estas experiencias incluyen la adherencia o falta de ella al ciclo circadiano, si un sujeto se siente solo o socialmente interactivo, su actividad física diaria y si vive en un entorno lleno de gente, ruidoso, peligroso o tiene acceso a espacios verdes y algunas fuentes de paz y bienestar. tranquilidad. Ante esto, se reconoce que el estrés crónico e incontrolable no solo es negativo, sino que puede volverse tóxico, dañando la salud física y psiquiátrica. Por lo tanto, se ha llegado a diferenciar “estrés bueno” y “estrés malo”.

  Esta visión de la biología del estrés ha llevado al concepto de alostasis y carga/sobrecarga alostática. La primera se refiere al proceso activo de adaptación y mantenimiento de la estabilidad (u homeostasis) mediante la producción de mediadores, como el cortisol, que promueven la adaptación. Sin embargo, si las perturbaciones en el medio ambiente son implacables, el punto de ajuste de equilibrio debe modificarse a una nueva normalidad, y esto puede ser costoso para el organismo. “La carga alostática se refiere al precio que paga el cuerpo por verse obligado a adaptarse a situaciones psicosociales o físicas adversas”, cita en un documento publicado recientemente Bruce S. McEwen de la The Rockefeller University de Nueva York.

  Este concepto amplio y en evolución de la biología del estrés coloca al cerebro en el centro de la respuesta a la experiencia, ya que integra información sobre el entorno interno y externo y da forma a las respuestas tanto a nivel sistémico como conductual. El cerebro es un órgano vulnerable que puede resultar dañado por el estrés tóxico, pero también tiene capacidad de plasticidad y resiliencia adaptativas. Esta plasticidad existe a lo largo de la vida, con períodos críticos como la etapa temprana y la adolescencia cuando es particularmente evidente. Las adaptaciones neuronales al entorno son acumulativas a lo largo de la vida, y la función cerebral en cualquier momento posterior de la vida es el resultado de experiencias y alteraciones epigenéticas que tienen lugar antes de la concepción, durante la gestación y durante el desarrollo posnatal.

  Esta reconceptualización del estrés también está informada por un cuerpo de conocimiento sobre sus fundamentos biológicos a nivel molecular, de circuito y endocrino. Los descubrimientos históricos de los actores moleculares clave, junto con la caracterización de los circuitos neuronales subyacentes, proporcionan un marco emocionante para comprender una función básica y compartida en todos los organismos a medida que se adaptan a su entorno y se enfrentan a él. Igual de importante, dado que los trastornos psiquiátricos, adictivos y neurológicos a menudo son desencadenados o agravados por factores estresantes de la vida, la biología del estrés representa un trampolín para la investigación traslacional en toda la gama de trastornos cerebrales.

Cuerpo y cerebro para frenar el estrés

  La identificación de los receptores de la “hormona del estrés” en el hipocampo llevó en muchas otras direcciones. Además del hipocampo, se encontró que dichos receptores se expresan y actúan en otras regiones del cerebro involucradas en la cognición y las emociones, como la amígdala y la corteza prefrontal, y se encontró que los estresores agudos y crónicos causan plasticidad estructural adaptativa dentro de regiones cerebrales interconectadas.

  La plasticidad adaptativa es un término que describe cómo el estrés crónico puede remodelar el cerebro de una manera neuroprotectora, provocando la pérdida de sinapsis en áreas que son altamente sensibles al estrés, como el hipocampo, la amígdala medial y la corteza prefrontal medial, mientras que al mismo tiempo provocan nuevas sinapsis en otras áreas como la amígdala basolateral y la corteza orbitofrontal. Estos cambios morfológicos favorecen alteraciones en las funciones conductuales, autónomas y neuroendocrinas que son apropiadas para hacer frente al factor estresante continuo.

  Basados en modelos animales, numerosos mediadores sistémicos y neurales contribuyen a la plasticidad adaptativa, incluida la insulina; IGF-1 de hígado; una hormona muscular, catepsina B; y la hormona ósea osteocalcina, todos los cuales obtienen acceso al cerebro y actúan sobre sus respectivos receptores para inducir cambios morfológicos protectores. De manera similar, la leptina, que se expresa en el hipocampo pero que también puede llegar al hipocampo desde la sangre, facilita la neurogénesis y tiene efectos neuroprotectores antioxidantes.

  Dada la naturaleza continua, poderosa y dinámica de la biología del estrés descrita anteriormente, no es sorprendente que la desregulación del sistema de estrés y el aumento de la carga alostática estén implicados en muchos trastornos psiquiátricos

  Cuando las condiciones mejoran, el cerebro sano exhibe resiliencia y se recupera, aunque esto no es una verdadera reversión, ya que algunos de los cambios morfológicos persisten e incluso pueden servir para amortiguar el estrés adicional. Sin embargo, si las demandas relacionadas con el estrés continúa, entonces el cerebro puede “atascarse”, es decir, no se adapta más estructural o funcionalmente incluso cuando los factores de estrés externos disminuyen, lo que lleva a condiciones patológicas en las que se requiere una intervención externa. Ejemplos de tales afecciones son la ansiedad clínica o la depresión mayor, que pueden comenzar con una respuesta adecuada a un evento estresante, pero se vuelven desadaptativas cuando persisten y se vuelven crónicas.

Afecto y estrés

  Dada la naturaleza continua, poderosa y dinámica de la biología del estrés descrita anteriormente, no es sorprendente que la desregulación del sistema de estrés y el aumento de la carga alostática estén implicados en muchos trastornos psiquiátricos. De hecho, los trastornos afectivos, incluido el trastorno depresivo mayor (TDM), el trastorno bipolar, los trastornos de ansiedad y pánico y el trastorno de estrés postraumático (TEPT), pueden verse como trastornos de estrés en los que los circuitos neuronales clave que regulan la reactividad al estrés no funcionan de manera óptima. Esta desregulación puede incluir una mayor reactividad a los estímulos amenazadores, una disminución de la capacidad para terminar la respuesta al estrés y/o un acoplamiento subóptimo entre los estados afectivos internos y el entorno externo. Esta última disfunción puede resultar en cambios de humor de una manera extrema y aparentemente aleatoria en la enfermedad bipolar. o estar “atascado” en un modo negativo en la depresión mayor. Aunque heredable en diversos grado, la naturaleza de la vulnerabilidad a estos trastornos se relaciona con la forma en que el individuo responde al medio ambiente.
El cerebro desempeña un papel clave en la orquestación y el ajuste de la respuesta al estrés, es importante recordar que el cerebro también es el objetivo de cambios en todo el cuerpo, que son un tipo importante de estrés proximal, continuo y, a veces, tóxico

  De hecho, un importante estudio reciente sobre la genética de la depresión que examinó a 460.000 sujetos concluye que “todos los seres humanos portamos un número mayor o menor de factores de riesgo genéticos para la depresión mayor” y señala que los hallazgos son consistentes con la desregulación del eje HPA en la depresión. La forma en que se manifiestan estas influencias genéticas depende del ajuste fino y la plasticidad de la respuesta al estrés por la trayectoria de desarrollo y las experiencias de vida del individuo.

  Si bien el cerebro desempeña un papel clave en la orquestación y el ajuste de la respuesta al estrés, es importante recordar que el cerebro también es el objetivo de cambios en todo el cuerpo, que son un tipo importante de estrés proximal, continuo y, a veces, tóxico. Esto incluye el síndrome metabólico y la resistencia a la insulina, que, al igual que la depresión mayor, se han convertido en una carga global y suelen ser comórbidos con la depresión. Los mecanismos fisiológicos que subyacen a esta conversación cruzada entre el cerebro y el cuerpo están recibiendo cada vez más atención y la compleja interacción entre los factores estresantes de la vida temprana y los factores metabólicos se está analizando como uno de los muchos caminos hacia la enfermedad depresiva. Otros factores fisiológicos que influyen en cómo el cerebro responde al estrés incluyen niveles circulantes aumentados de glucocorticoides , ritmos circadianos.

  “En general, la combinación de estudios de neuroimagen humanos y análisis post mortem revela que los trastornos afectivos relacionados con el estrés tienen un impacto más amplio en el cerebro de lo que habíamos estimado previamente: afectan la conectividad en múltiples regiones del cerebro y afectan múltiples circuitos, tipos de células y moléculas jugadores”, se indica en la investigación. Es probable que esto sea secundario al desarrollo de un proceso de toda la vida en el que los mecanismos de neuroplasticidad adaptativa resultan inadecuados para compensar el estrés continuo. Esta falla tiene consecuencias neuronales y conductuales, que a su vez exigen más y más esfuerzos de adaptación y compensación, hasta que estos mecanismos fallan, y esto se expresa como un trastorno devastador.

Social y cerebral
  El entorno da forma al cerebro y su capacidad para funcionar tanto cognitiva como afectivamente

.La imagen que surge de los estudios neurobiológicos de la depresión, junto con los análisis epidemiológicos, destaca la interacción entre la biología del estrés y la salud en general, que está fuertemente influenciada por el contexto social. Esto involucra todo el curso de la vida, donde la pobreza, así como otras formas de adversidad en la vida temprana como el abuso y la negligencia, aumentan desproporcionadamente el riesgo de diabetes, depresión, enfermedades cardiovasculares, abuso de sustancias y luego demencia, y por lo tanto aumentan la miseria humana y la carga del costo de la atención médica.

  El entorno da forma al cerebro y su capacidad para funcionar tanto cognitiva como afectivamente. La suma total de experiencias puede volverse restrictiva y socavar el funcionamiento óptimo. Pero del mismo modo, la capacidad de adaptarse, afrontar y remodelar el cerebro de manera continua también brinda oportunidades para un cambio positivo. De hecho, numerosos estudios han revelado el impacto positivo de actividades como el ejercicio regular y el aprendizaje intenso en la mejora del volumen y la actividad del hipocampo y en la mediación de una mayor resiliencia al estrés.

La visión de la biología del estrés subraya su naturaleza continua, acumulativa y adaptativa

  Dada la asombrosa carga de los trastornos afectivos, existe un gran interés en avanzar en la comprensión de sus causas subyacentes y traducir este conocimiento en mejores tratamientos. “En nuestra opinión, la neurobiología del estrés representa la biología básica de los trastornos afectivos -sentencia el equipo de trabajo de Nueva York-. Si bien hemos acumulado un impresionante cuerpo de conocimientos en los últimos 50 años sobre la biología del estrés, apenas hemos arañado la superficie”.

  En resumen, la visión de la biología del estrés subraya su naturaleza continua, acumulativa y adaptativa. Si bien este proceso puede desregularse, dando lugar a una variedad de trastornos afectivos relacionados con el estrés, también ofrece muchas oportunidades para volver a sintonizar, no solo a través de enfoques médicos, sino también a través de estrategias psicosociales, así como a través de un mayor énfasis en la salud general y fitness como medio para lograr la resiliencia. “Centrarse en las intervenciones para prevenir o mejorar los efectos de la adversidad en la vida temprana puede tener una influencia positiva desproporcionadamente grande en la salud individual y de la población a lo largo de la vida”, concluyen los especialistas.

Fuente: infobae