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Sacrificio




"Cuando no estás persiguiendo tus sueños estás literalmente cometiendo suicidio espiritual."

y, llego la adolescencia


Guia para Padres y Madres con Hijos e Hijas Adolescentes.

La adolescencia es una etapa difícil. Se trata de un momento de transición entre la niñez y la edad adulta, en la que la principal tarea del/la adolescente es encontrar su propia identidad y adquirir autonomía. Para conseguir esto, los y las adolescentes tienen que empezar a separarse de las figuras paternas, pero ésta no es tarea sencilla, puesto que, aunque ya no son niños, tampoco son todavía adultos y aún no tienen la madurez suficiente para conseguirlo. Así, el/la adolescente vive un conflicto interno entre la fuerte dependencia que aún tiene de sus padres y el deseo y la necesidad de independencia. Esta lucha interna se expresa a menudo en forma de peleas y conflictos, especialmente con los padres, ya que constituyen para el adolescente ese pilar que tanto necesitan pero del que desean desprenderse,una fuente de seguridad y a su vez de rechazo.

De este modo, la convivencia con un hijo o hija adolescente no suele ser fácil. Los que hasta entonces eran niños y niñas complacientes se muestran de pronto vehementes y rebeldes. Cuestiones que anteriormente no suponía ningún problema, tales como el uso del teléfono o el ordenador, los estudios, los horarios del llegada a casa, la ropa,el manejo del dinero o las pequeñas tareas domésticas, como hacer la cama y dejar ordenada la habitación, comienzan a ser origen de verdaderas batallas o enfrentamientos.

Este cambio de actitud desconcierta muy a menudo a los padres, quienes no saben muy bien cómo afrontar los conflictos permanentes con sus hijos/as. Las estrategias que anteriormente utilizaban con ellos ya no funcionan y es necesario adaptarse al nuevo momento evolutivo e ir modificando las normas rígidas por límites más flexibles, negociados y acordados. Esto genera en los padres sentimientos lógicos de inseguridad. Y es que resulta francamente complicado encontrar el equilibrio entre mantener un control y una autoridad
sobre el/la adolescente y, al mismo tiempo, concederle progresivamente mayores cuotas de confianza y responsabilidad.

Esta Guía, ha sido realizada teniendo en cuenta las preocupaciones y el sentir de los padres y madres de adolescentes que acuden al Programa Municipal de Mediación Familiar, creado como recurso de apoyo a la familia por el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, a través del Servicio de Infancia y Familia del Departamento de Intervención social, y que lleva en marcha desde el año 2001. Con ella se pretende facilitar un instrumento de ayuda, útil y sencillo, a muchos padres y madres cuyos hijos e hijas han iniciado recientemente la adolescencia o ya llevan un tiempo en esta etapa.

Autores: Bitartekaritzarako Udal programa.Servicio de Infancia y Familia del Departamento de Intervención social.

Enlace de descarga: y, llego la adolescencia

Mujeres víctimas de maltrato de pareja


Buena parte de las aproximaciones al maltrato de pareja y de sus modelos explicativos parten de la pregunta explícita de qué mecanismos psicológicos desarrolla la mujer maltratada que la hacen mantenerse en esa situación. Modelos como el de la teoría de la violencia, de Walker, con su “síndrome de la mujer maltratada”, el de la unión traumática, de Dutton o de Graham, el “síndrome de adaptación paradójica”, de Montero, el análisis de los mecanismos de la violencia, de Echeburúa, o el de persuasión coercitiva, de Escudero, entre otros, responden a aquella pregunta inicial insistiendo en ciertas pautas de la mujer: la distorsión cognitiva, el embotamiento emocional, la indefensión aprendida, la pérdida de autoestima, habilidades sociales y de solución de problemas que padecen las víctimas, o incluso su dependencia emocional, adherencia y adaptación al maltratador. Presentando, en suma, a una mujer pasiva, aturdida y falta de recursos que renuncia a ser agente y desarrolla estrategias alternativas de adaptación al conflicto o de obtención de objetivos secundarios renunciando a otros.

Pero eso no da respuesta a dos fenómenos innegables. El primero, que el maltrato continúa normalmente –incluso con resultado de muerte- cuando ya se ha roto la convivencia y la mujer ha decidido emprender una nueva vida al margen del maltratador. En tales casos, es evidente que la mujer ha roto ya su eventual vínculo y dependencia emocional y que no se encuentra atenazada, resignada y pasiva por su pretendido embotamiento cognitivo o emocional. Lo que no impide que pueda estar igual o más desprotegida que cuando mantenía la relación y pueda seguir necesitando desplegar conductas de adaptación como cuestión de supervivencia. El segundo, que numerosos estudios con preadolescentes, universitarios y adultos que no han padecido maltrato, o ni siquiera han tenido experiencia de pareja, registran en sus respuestas ante situaciones hipotéticas de maltrato las mismas conductas y actitudes que las que aquellos modelos atribuyen a la mujer maltratada como consecuencia de su situación; lo que evidencia que no pueden haber sido “aprendidas” como resultado del maltrato, sino de unos constructos sociales imperantes previos a dicha situación.

La misma pregunta de que parten esas explicaciones, ¿por qué la mujer aguanta?, no se plantea, en cambio, ante otras situaciones de desigualdad y de opresión, como las de tortura, esclavitud, segregación racial, paro prolongado u otras, pues es evidente que en ellas la víctima no tiene poder para modificarlas ni se la culpabiliza por mantenerlas.

En el caso del maltrato de pareja, sin embargo, tal pregunta es muy frecuente, lo que presupone enfocarlo como una situación de violencia bilateral (entre agresor y víctima), intrafamiliar (reducida al ámbito privado de la familia) y entre iguales, ocultando que es una violencia enmarcada en unas construcciones sociales basadas en la desigualdad entre los sexos, en relaciones asimétricas de dominación y sumisión, en las que más que la dependencia emocional como variable explicativa, juegan la confusión y el miedo derivados de las estrategias de acoso moral, seducción engañosa, destrucción del yo de la mujer y estrategias de dominación por parte del maltratador (Hirigoyen, 1999).

Además, la visión de la víctima que deriva de aquellas explicaciones impide apreciar que la ambivalencia de sus sentimientos, el carácter protector de sí misma o de sus hijos, algunas de sus reacciones, la tolerancia hacia las agresiones, incluso la retirada de una denuncia o plantearse volver a convivir con el agresor tras haberlo denunciado, no son mera adaptación pasiva ni fracasos de la terapia, sino que en ocasiones pueden responder a estrategias de resistencia y de supervivencia ante una situación de desigualdad o miedo que aún no puede romper. Que esas mujeres continúan siendo activas en muchas facetas, como su trabajo (si lo tienen), cuidar, educar y proteger a los hijos, mantener el hogar y la economía doméstica, atender a otros familiares, etc.

Por eso, frente a la interpretación de las conductas de mujeres maltratadas como manifestaciones de sumisión o adherencia al maltratador y a sus valores, algunas autoras (Carmona, 2004) entienden que en el fondo de esa mujer resignada, sumisa o adaptada puede haber una “tenaz resistencia y la lucha por su identidad y sus derechos” (San Martín y González, 2011). Como explica el paradigma de la “mujer superviviente” (Gondolf y Fisher, 1988, Narvaz y Koller, 2006, Goodman y Epstein, 2008), esa aparente adaptación de la mujer no significa asumir los valores y las causas del maltratador (su irascibilidad, su eventual alcoholismo, su “no puedo cambiar”, sus arrepentimientos, etc.), sino que pueden ser manifestación de una moral de resistencia y de estrategias de lucha por la supervivencia, ante la imposibilidad de cambiar la situación. O incluso –cabría añadir- ante el cálculo de conveniencia de no cambiarla por condiciones económicas, por los hijos, por el rechazo social o familiar, o por otras causas.

Como ya explicaron Gondolf y Fisher, la situación de la mujer que se mantiene en la relación de maltrato puede describirse como de “superviviente”, explicando su conducta a través de cuatro elementos. El primero, que las mujeres maltratadas buscan activamente ayuda, comenzando por su propia familia, y ante su eventual fracaso desarrollan estrategias innovadoras y habilidades de afrontamiento de la propia relación. El segundo, que el eventual fracaso de esas y otras ayudas, la falta de opciones, de recursos financieros y de posibilidades de emprender una vida autónoma crea ansiedad en la víctima por dejar a su maltratador. El tercero, la insuficiente, burocrática y poco sistemática ayuda institucional, o incluso la indiferencia social, que la víctima padece. Por último, el cuarto elemento concluye que ante la falta de fuentes de ayuda, la impotencia explica por qué muchas mujeres maltratadas permanecen con sus agresores.

A diferencia de los modelos anteriores, la teoría de “la mujer superviviente” ve a las mujeres como agentes y no como pasivas e impotentes frente a los abusos repetidos, centrando la atención no tanto en la percepción de la víctima de que es imposible escapar como en los grandes obstáculos que debería superar para ello. Por eso, desde este paradigma, el mantenimiento de la situación por la víctima no es por indefensión aprendida, ni por dependencia emocional, ni por aturdimiento cognitivo, sino que puede entenderse preguntando lo que hizo para buscar ayuda y lo que pasó cuando lo hizo (los obstáculos que encontró), en lugar de preguntarse por qué no abandona la relación. Más bien la pregunta, a la vista de todos los obstáculos a superar, sería la de ¿cómo algunas mujeres han sido capaces de romper con la situación de maltrato en lugar de soportarla? De ahí la necesidad de recursos públicos y de educación en la igualdad para romper ese muro de falta de ayudas que impide a la mujer maltratada salir de su relación.

Con aquellos planteamientos, además, se deja de responder a lo que en las narraciones de las víctimas suele ocupar un mayor protagonismo que en los modelos explicativos. ¿Qué hace el entorno? ¿Qué se le decía o transmitía a la mujer maltratada por su entorno más inmediato? Como han destacado varias autoras (Carmona y cols., 2000; Bosch y Ferrer, 2003; Matud y cols., 2003), el apoyo social es un factor clave para posibilitar a la mujer maltratada resistir la situación y decidirse a romperla. Si dicho apoyo no existe, o transmite los ideales y los mandatos de género, la mujer pierde uno de los recursos fundamentales para poder afrontar su situación. Lo que explica, en buena medida, que las mujeres en culturas o entornos donde los modelos sociales son mucho más opresivos que en el primer mundo, o las mujeres de avanzada edad en el nuestro, soporten de por vida una relación de maltrato sin plantearse salir de ella.

Como señala Lloret (2004), la mujer maltratada debe recibir el apoyo para “deconstruir” las verdades que aprisionan su vida, desde los roles y las identidades de género a las autopercepciones que la colocan en situación pasiva, o, al contrario, aquellas otras que le exigirían ser una heroína para poder poner fin a su situación.

De cara a la intervención terapéutica con víctimas, también los modelos adaptativos pueden resultar inconvenientes. Explicar a mujeres maltratadas esos mecanismos de adaptación puede generar en ellas autorreproche e infravaloración, al pensar de sí mismas que no han sido “capaces” de acabar con la situación enfrentándose a ella, sino que se han plegado a la misma desarrollando tales mecanismos de adaptación. Sobre todo, si se les insiste además en que hay medios socialmente dispuestos en su apoyo, como las normas, las infraestructuras administrativas, el sistema judicial y otros que ella no utiliza. Si la mujer maltratada interioriza que pese a esos medios no es capaz de romper, o no ha sido capaz de hacerlo durante años, acaba minando su autoestima, aumentando su vergüenza y culpabilizándose por mantener la situación.

Si no se reconoce ese fondo de superviviente, la terapia de mujeres maltratadas corre el riesgo de partir de la desigualdad, confirmándola en su relación con el o la terapeuta, convirtiéndose en un proceso “educativo” para enseñar a la mujer a ser persona y que tiene derechos e identidad, en lugar de valorarla por cómo ha sido capaz de resistir. Con la consecuencia de que la mujer no liberará su propia voz, sino que hablará por la voz “aprendida” de los terapeutas. Como lo expresa Vitanza (1995), “estamos tratando de vencer la frustración de los dispensadores de atención de salud que no entienden que a una mujer maltratada le cuesta decidirse a hacer algo. Cuando le pedimos a una mujer que en diez minutos tome una decisión le estamos diciendo: sabemos lo que te conviene, lo cual no nos diferencia del agresor que toma las decisiones por ella”.

Autor: Instituto Valenciano de Psicología Sanitaria

Basta de Bullying



Bullying es agredir o humillar a otra persona. Insultar, divulgar rumores, lastimar físicamente o intencionalmente ignorar a alguien también son formas de bullying.

Puede ocurrir a través del celular, en persona, escrito, en la escuela, en el barrio, en algún transporte, en tu casa e incluso en redes sociales. Sea donde sea, el Bullying no debe permitirse, es inaceptable.

El bullying es un problema que afecta a millones de niños sin importar de donde son ni de donde vienen. Es un problema grave, principalmente en las escuelas. Es un problema que necesita ser resuelto cuanto antes.

Los bullies molestan a los más pequeños o a los niños más vulnerables. Apuntan a los niños que son diferentes, que no usan ropa de moda o que forman parte de una minoría social o racial. Molestan a niños que se están desarrollando y son torpes con su cuerpo, o con sobrepeso, o hasta los más estudiosos o muy tímidos. No necesitan mucho para inspirarse si tienen la intención de herir, humillar o dejar de lado a alguien de su círculo de amigos. No sólo humilla a los niños que son atacados, también afecta a los testigos cercanos, especialmente si ellos no saben qué hacer al respecto.
No es una broma o un juego, es inaceptable.

El cyber-bullying se expande viralmente por la web y puede humillar de una manera muy difícil de detener.
No es una broma o un juego. Es inaceptable.


Consejos

Ya sea que estés siendo víctima de bullying o seas testigo de un ataque contra otros, hay muchas cosas que puedes hacer para pararlo. Lo mejor es que NO TE QUEDES CALLADO.

  • SÉ AMIGABLE. Decir palabras amables al niño que sufrió de bullying es un gran gesto y hace la diferencia. Intenta algo así como: "Lamento mucho lo que te ocurrió". Déjale saber que el bullying es inaceptable y que él no debe culparse a sí mismo por ello. Aún mejor sería que lo invitaras a ser tu amigo.
  • HABLA CON UN ADULTO. Tienes que hablar con alguien, con tus padres, con algún profesor o con alguien de confianza para que intervenga y detenga el bullying. Recuerda, pedir ayuda no es delatar a nadie, es ayudar a alguien.
  • INVOLÚCRATE. Sé voluntario para ayudar en el programa de prevención de bullying de tu escuela. Si no existe, postulate para crear uno. Convence a todos en tu escuela para hablar en contra del bullying. Juntos podemos detener al bullying. ¡No te quedes callado!


GUÍA PARA PADRES Y EDUCADORES
En algunas escuelas el bullying quizás es tolerado o aceptado como un comportamiento normal, como parte del crecimiento. A veces los educadores y los padres de familia sienten que no hay nada que puedan hacer al respecto. Pero es momento de que digamos: ¡Basta!
La buena noticia es que todos los niños tienen derecho a vivir sin ser víctimas de la violencia. Padres y niños tienen derecho a que las escuelas sean seguras, donde haya respeto mutuo y los adultos asuman la responsabilidad de proteger a los niños.
Para terminar con el bullying tenemos que informarnos y alzar la voz. Si los niños hablan con sus padres, sus educadores y otros adultos de confianza, podemos terminar con el bullying. Pero necesitamos un plan, debatir, tener un poco de coraje y muchos consejos prácticos para hacerle frente a este problema.
Si no nos quedamos callados, podemos lograr que las escuelas sean lugares donde los niños puedan aprender y disfrutar en un entorno seguro. Esto ayudará a que el respeto mutuo sea una regla en toda la comunidad.

CONSECUENCIAS DEL BULLYING
El bullying no sólo da miedo y provoca incomodidad, puede causar un daño emocional grave y duradero en una persona.


NIÑOS QUE SUFREN EL BULLYING DIRECTAMENTE
  • A menudo sienten que es culpa de ellos y no saben qué hacer para detenerlo.
  • Pueden incluso retraerse y no tener vida social por miedo a la humillación.
  • Pueden sufrir un daño psicológico, no sólo en el presente, sino también en el futuro.
  • Pueden sufrir lesiones o problemas de salud.
  • Tienen más probabilidades de abandonar la escuela y los estudios.
  • Pueden tomar represalias, utilizando la violencia.

NIÑOS QUE SON AGRESORES
  • Tienen más probabilidades de involucrarse en peleas con comportamientos agresivos.
  • A menudo les va mal en la escuela y hasta llegan a dejar sus estudios.
  • Son más propensos a tener problemas con la ley.
  • Tienen más probabilidades de ser abusivos cuando crezcan.
  • Tienen más probabilidades de tener problemas cuando sean adolescentes o adultos.

NIÑOS QUE SON TESTIGOS DEL BULLYING
  • Frecuentemente se sienten mal o culpables porque no hicieron nada para evitarlo.
  • O incluso sienten que fueron cómplices.
  • A veces ellos también temen ser agredidos.
  • Pueden sufrir daño emocional.
  • Tienen más probabilidades de faltar a la escuela.

CYBER-BULLYING
En lugar de ocurrir cara a cara, el ataque es a través de la tecnología y la Web (a través de computadoras, celulares y otros dispositivos electrónicos). ¿Cómo? Se envían SMS crueles, se envían falsos rumores o mentiras por e-mail o redes sociales, se crean videos, perfiles falsos en redes sociales o sitios Web para reírse o burlarse de alguien.
El bullying por Internet es muy diferente, porque los mensajes y las imágenes pueden ser enviados durante cualquier momento del día y desde cualquier lugar, compartidos con muchísima gente, anónimamente.

Los niños que participan en estas conductas abusivas son más propensos a:

  • Faltar a la escuela, recibir malas calificaciones, tener una baja autoestima, tener problemas de salud.

Los niños que son víctimas del cyber-bullying son mucho más propensos a:

  • Faltar a la escuela, sufrir del bullying también en persona.


CONSEJOS PARA ADULTOS
Los padres y todo el personal de la escuela tienen la responsabilidad de unirse para hacer de las escuelas lugares libres de violencia y de bullying. Hay mucho que podemos hacer para ayudar a detener el bullying. "Basta de bullying, no te quedes callado", es una campaña que necesita que los adultos se involucren, con diálogo, aprendiendo estrategias efectivas, dejando en claro reglas y estando muy atentos. Los niños y los adolescentes necesitan saber que estamos para guiarlos y protegerlos. Ellos necesitan adultos que puedan reconocer rápidamente el bullying e intervenir con seguridad y coherencia.
Los niños quieren un guía práctico y admiran a los adultos en los que
pueden confiar.

  • HABLE CON SU HIJO. Hable con su hijo acerca del bullying. Dígale que es inaceptable y que todos se merecen ser tratados con respeto.
  • ESCUCHE A SU HIJO. Tome en serio lo que le diga sobre el bullying. Anímelos a hablar y a buscar ayuda en las autoridades escolares.
  • ESTE ATENTOEsté atento a las señales de advertencia, su hijo puede estar siendo víctima del bullying. Estas señales pueden incluir ansiedad, miedo de ir a la escuela o disminución repentina en el rendimiento.
  • COMUNÍQUESE CON LA ESCUELA. Esté atento a las señales de advertencia, su hijo puede ser víctima del bullying. Estas señales pueden incluir ansiedad, miedo de ir a la escuela o disminución repentina en el rendimiento.

EDUCADORES
Para poner fin al bullying hay que tener un plan claro, políticas bien informadas y mucha cooperación.

  • PROGRAMA ESCOLAR. Pida crear un programa escolar para prevenir el bullying en la escuela. Insista en que los estudiantes, maestros, consejeros, directores y padres estén involucrados.
  • ASAMBLEAS. Realice asambleas en la escuela y dé clases acerca del bullying. Fomente la sensibilización y el diálogo entre estudiantes y personal de la escuela.
  • EN EL AULA. Deje en claro que el bullying tiene consecuencias. Anime a los estudiantes a hablar cuando sufren de bullying o cuando son testigos del bullying. Tome medidas inmediatas para detener los incidentes y haga un seguimiento de la víctima. Proporcione asesoramiento a las víctimas, a los testigos así como también a los niños agresores. Establezca límites y consecuencias justas para los agresores –la compasión, el diálogo y la educación son mucho más eficaces que la suspensión o la expulsión, salvo en los casos más extremos.
  • COMUNÍQUESE CON LOS PADRES. Manténgase en contacto directo con los padres de los estudiantes que han estado involucrados o han sido afectados por el bullying
  • AMBIENTE ESCOLAR. Promueva un ambiente escolar que se base en los derechos del niño y desaliente cualquier tipo de discriminación


Descarga los manuales:
                      Basta de Bullying. No te quedes callado. Introducción.
                      Niños y Niñas de escuela primaria
                      Docentes de escuela primaria
                      Estudiante de escuela secundaria
                      Docentes de escuela secundaria
                      Padres, madres y educadores
                   
Fuente: bastadebullying.com

Educación Emocional



Concepto de Emoción
Para poder hablar de educación emocional necesitamos saber qué es una emoción y que implicaciones para la práctica se derivan de este concepto.
 
Una emoción se produce de la siguiente forma:  

1) Unas informaciones sensoriales llegan a los centros emocionales del cerebro. 
2) Como consecuencia se produce una respuesta neurofisiológica. 
3) El neocortex interpreta la información.

De acuerdo con este mecanismo, en general hay bastante acuerdo en considerar que una emoción es un estado complejo del organismo caracterizado por una excitación o perturbación que predispone a una respuesta organizada. Las emociones se generan como respuesta a un acontecimiento externo o interno. En síntesis, el proceso de la vivencia emocional se puede esquematizar así:



El proceso de valoración puede tener varias fases. Según Lazarus (1991b) hay una valoración primaria sobre la relevancia del evento: ¿es positivo o negativo para el logro de nuestros objetivos? En una evaluación secundaria se consideran los recursos personales para poder afrontarlo: ¿estoy en condiciones de hacer frente a esta situación?

Gran parte de lo que el cerebro realiza cuando se produce una emoción sucede independientemente del conocimiento consciente; se realiza de forma automática. Conviene insistir en que la mayoría de emociones se generan inconscientemente. También es útil distinguir entre reacciones emocionales innatas y acciones emocionales voluntarias. Las respuestas de evitación se encuentran a mitad de camino entre ambas (LeDoux, 1999: 293). Cuando hablamos de las acciones emocionales voluntarias nos referimos a los sentimientos (LeDoux, 1999: 300). Estado de ánimo se refiere a un estado emocional mantenido durante semanas o más tiempo. Coincidimos con Frijda (1994) al afirmar que las emociones nos dicen qué hechos son verdaderamente importantes para nuestra vida.

Componentes de la Emoción
 
Hay tres componentes en una emoción: neurofisiológico, conductual, cognitiva.

1.      La neurofisiológica se manifiesta en respuestas como taquicardia, sudoración, vasoconstricción, hipertensión, tono muscular, rubor, sequedad en la boca, cambios en los neurotransmisores, secreciones hormonales, respiración, etc. Todo esto son respuestas involuntarias, que el sujeto no puede controlar. Sin embargo se pueden prevenir mediante técnicas apropiadas como la relajación. Como consecuencia de emociones intensas y frecuentes se pueden producir problemas de salud (taquicardia, hipertensión, úlcera, etc.). Por eso, la prevención de los efectos nocivos de las emociones en el marco de la educación emocional se puede entender como un aspecto de la educación para la salud.
 
2.      La observación del comportamiento de un individuo permite inferir qué tipo de emociones está experimentando. Las expresiones faciales, el lenguaje no verbal, el tono de voz, volumen, ritmo, movimientos del cuerpo, etc., aportan señales de bastante precisión sobre el estado emocional. Este componente puede intentar disimularse. Por ejemplo, las expresiones faciales surgen de la actividad combinada de unos 23 músculos, que conectan directamente con los centros de procesamiento de las emociones, lo que hace que el control voluntario no sea fácil; aunque, siempre es posible «engañar» a un potencial observador. Aprender a regular la expresión emocional se considera un indicador de madurez y equilibrio que tiene efectos positivos sobre las relaciones interpersonales.
 
3.      La componente cognitiva o vivencia subjetiva es lo que a veces se denomina sentimiento. Sentimos miedo, angustia, rabia y muchas otras emociones. Para distinguir entre la componente neurofisiológica y la cognitiva, a veces se emplea el término emoción, en sentido restrictivo, para describir el estado corporal (es decir, el estado emocional) y se reserva el término sentimiento para aludir a la sensación consciente (cognitiva). La componente cognitiva hace que califiquemos un estado emocional y le demos un nombre. El etiquetado de las emociones está limitado por el dominio del lenguaje. Dado que la introspección a veces es el único método para llegar al conocimiento de las emociones de los demás, las limitaciones del lenguaje imponen serias restricciones a este conocimiento. Pero al mismo tiempo dificulta la toma de conciencia de las propias emociones. Estos déficits provocan la sensación de «no sé que me pasa». Lo cual puede tener efectos negativos sobre la persona. De ahí la importancia de una educación emocional encaminada, entre otros aspectos, a un mejor conocimiento de las propias emociones y del dominio del vocabulario emocional.
 
Es interesante relacionar estos tres componentes con la clasificación de objetivos didácticos. Si bien lo observamos veremos un paralelismo entre: a) «Hechos, conceptos y sistemas conceptuales» con la dimensión cognitiva; b) «Procedimientos» con el comportamiento; c) «Actitudes, valores y normas» con respecto a la dimensión emocional.
Fuente: Extracto del artículo "Educación Emocional y Competencias Básicas para la vida" publicado por Rafael Bisquerra Alzina en la Revista de Investigación Eductativa, 2003, Vo. 21, nº 1.